miércoles, 2 de diciembre de 2009

Llegó el invierno.

Corredores que aparecen entre la niebla, farolas amarillas, charcos que estallan bajo las pisadas, rítmicas y constantes, respiración fría de cristales, narices heladas.

Llegó el invierno y con él "La noche de los tiempos" de Antonio Muñoz Molina. Estoy sumergido en los tiempos grises de la España en guerra, en un Madrid que tan bien conozco, en un viaje remontando el Hudson, en una Alemania de Weimar, Bauhaus y caos, Ignacio Abel y Muñoz Molina me traen sus habitaciones de hotel, sus aduanas, los espacios intemporales de esperanza, recuerdo y vacío, el pasado y el presente fundiéndose como esos corredores con la humedad que los expele y los engulle.

Desde que leí El jinete polaco no he podido dejar pasar un libro de este jienense de todas y ninguna parte. Hijo de la tierra y las olivas arrancadas a las madrugadas, emigrante, exiliado, temeroso de burocracias e incertidumbres. Anclado en amores y maestro de adjetivos.

"... aprecia la escena como una composición plástica, cuyo centro fugaz es la sombra femenina perfilada y muy rápida que cruza por delante de una fotografía proyectada sobre una pantalla a la que su padre da la espalda."

Y es ella, el deseo y la esperanza en una historia completa, triste y real.

Los corredores desaparecen entre jirones etéreos y sus respiraciones agitadas aún pueden oírse, intuirse mientras sus pasos se ahogan en la distancia.

Ha llegado el invierno: las sábanas de franela, los guantes, el gorro de lana y el aire helado de las mañanas por amanecer, el olor a café con leche y las conversaciones apagadas tras los vidrios en los bares de siempre, los hombros encogidos, el vaho, los décimos de Navidad.

Van y vienen, los libros, los corredores, los jirones de niebla. ¿Dónde nacen?.

Está bien la vida.

martes, 24 de noviembre de 2009

Cuesta, cuestae, cuestam...



Hay caminos de tierra y asfalto. Piedras, arenas, raíces de olivo, polvo extraño ya casi en diciembre, mediodías y tardes de calor soleado, agradable y raro. Se ven formaciones de árboles desde este mirador por el que corremos en las alturas. Hay una antigua muralla y una catedral que enmarcan majestuosas un cuadro de grandeza hermosa y vieja. Hay sitios en los que me paro a admirar la organización centenaria de los olivares y su conjunto de líneas quebradas en tierra blanca allá abajo, hasta los límites de la Sierra de mi libro favorito.

Hay amigos que te empujan cuando te quedas sin aliento, que te hacen reír, que te enseñan, comparten y dan ejemplo, comparten miedos y secretos y la foto de una niña. Hay desconocidos que se paran a tu lado y, finjiendo estirar un músculo, se quedan prendados contigo del espectáculo de la naturaleza y la piedra.

Y cuestas, hay unas cuestas que dan miedo y pereza, que son tan duras para subir como inclementes para bajar, cuestas que cada día siento menos agresivas porque me ayudan a mejorar un minuto más cada vez que nos juntamos para disfrutar.

Y hay música, y comidas nuevas, y calles que fotografiar cuando tenga tiempo y hay personas que quieren compartir sus experiencias, tan insólitas como humanas.

Está bien la vida.

viernes, 30 de octubre de 2009

Fartlek, los progresos y la endorfina.




Treinta grados casi en noviembre, uno tiende a sentirse un glaciar menguante cuando sale a correr en estas fechas con tanto calor. Un circuito improvisado con tres superficies diferentes, un par de cuestas que merecerían una escalera, una pista de atletismo de la que sólo usamos doscientos metros, una zona marcada previamente para hacer una explosión de velocidad donde nos jugamos las cervezas y sudor, mucho sudor.

El fartlek es mucho más complicado que eso, lo sé; pero nos hemos montado un espectáculo improvisado esta mañana y hemos terminado fundidos pero contentos; a lo lejos veíamos a las liebres; nosotros íbamos a nuestro ritmo: ese que nos permite hablar (poquito) pero que nos deja satisfechos, sin sentir el aliento de la muerte en la nuca.

Estoy ahora sentado en esta ventana azul recordando la paliza de esta mañana y tengo que reconocer que ha sido muy agradable. Cincuenta minutos, dos litros de sudor y la recompensa de un puente en la playa. Correr en buena compañía hace más interesante la cosa, como en todo, claro.

Cuando venía hacia Málaga en el coche, en compañía de las endorfinas, Serrat me cantaba a Machado y Clapton se preguntaba si todo sería igual si encontrase a su ángel en el cielo. Bach esta vez ha quedado en sexta posición del reproductor porque experimento un cierto cosquilleo al entrar en el garaje, subir el volumen y dejar que se expanda por ese espacio gris y amarillo rebotando por las paredes, suena tan bien que parece una iglesia románica el jodido garaje. Mi perra lo oye y me espera en la puerta como si yo acabara de llegar de explorar el Polo Sur y sus barrios aledaños.

Mañana por la mañana carrera por la playa y baño para dejar las piernas a punto. Echo de menos correr junto al mar desde que empecé mi etapa eMaginari@.

Pasadlo bien.

viernes, 23 de octubre de 2009

El deporte y yo.



No, el de la foto no soy yo. Aunque reconozco que la postura es de mis preferidas, la tomé en la biblioteca pública de los nuevayores este verano y como no se me ocurría otra y no tengo tiempo para hacer fotos desde que estoy en e-Magin@, tiro de archivo, como en la tele.

Esta mañana me he unido a un grupo de salvajes con la intención de hacer una carrerita saludable, intercambiar técnicas de estiramiento y compartir experiencias.

Casi me matan.

Tengo dolores intermitentes con espasmos dispersos por el tercio meridional, precipitaciones y desprendimientos entretelares y alerta roja por agujetas en el píloro.

Claro, cuando está acostumbrado a correr en compañía de nadie va a su aire, literalmente; que te falta el aire, pues aflojas, que te sobra, tiras un poquito más. La técnica de la goma elástica la llamo yo. Musiquita, miraditas al paisaje, a las nubecillas, lo normal. El problema viene cuando oyes la frase: "vente con nosotros mañana, vamos a ir tranquilos, un trotecillo y unos ejercicios" y te oyes a ti mismo diciendo "vale".

La gente miente. Es un hecho. Lo que uno nunca puede llegar a imaginar es que sean unos psicópatas asesinos en zapas y mallitas del Decatfour.

Trotecillo, sin estirar ni nada. Bueno, vale. Cuesta abajo, estupendo. Llaneo, aceleración, gravedad, vergüenza, anoxia, ausencia de saliva, estruendos cardíacos en zonas tan alejadas del miocardio como las sienes, el hígado, los riñones y una plantilla devorolor.

¿Se puede correr y hablar al mismo tiempo? Sí, sí, sí. Estos pueden, los cabrones, como si nada.

Si yo contestaba SSSSS y NNNNN porque se me habían caído las vocales en un "tironcito para este repecho".

He encargado e-Pay una docena de muñecos de budú.

Les odio.

martes, 13 de octubre de 2009

Llegó caminando...




... por un sendero de agua, en la playa estábamos mi perra, un señor de Cuenca que hacía fotos con una cámara de cartón y yo. Pasaron dos corriendo, pero no se fijaban en la luna.

Cuando llegó a la orilla el conquense se había desmayado, mi perra había hecho un agujero en el suelo y sólo mostraba sus cuartos traseros, yo trataba de hacerle una foto que me sirviera de elemento probatorio en el previsible juicio que determinaría mi capacidad mental intrínseca y material para gestionar mis deudas, las facturas y la educación de los niños.

A ver cómo explico yo esta visión extraordinaria y sin par, pensé.

El caminante vino directo hacia mí y me preguntó con un acento y dos tildes indeterminadas si podía comprar batata en alguna parte. Iba vestido con una especie de túnica blanca de luna, llevaba un collar de corales fluorescentes y un sombrero de copa con intermitentes ambarinos.

De entre todas las opciones posibles opté por perder el conocimiento. Me desmayé.

Cuando recuperé los pulsos de la sangre estaba arrodillado a mi lado poniéndome en las narices un frasco de sal iodada que olía a excremento de medusa y a sobaco de delfín acróbata du Cirque du Selene, olores ambos que conozco bien por ser socio del Círculo Cuadrado de Olores, Excrecencias y Misterios desde la tierna edad del pan bimbo.

Miré a mi alrededor y el de Cuenca ya no estaba, traidor. Mi perra hacía gestos hacia el aparecido en plan, vaya mierda de amo que se desmaya por cualquier cosa y ya le hacía carantoñas, por si acaso, me temo. Así que allí estábamos, el nuevo, mi perra y yo.

- Le preguntaba, desmayadizo amigo, que si puedo comprar batatas en algún lugar de esta playa.

- Pues verás, es que aquí somos más de sardinas y bocatas, si bien tenemos cierta y esporádica tendencia a la pizzería con sus calzones, raviolis y panes de ajo.

- No comprendo bien su lengua. Podría indicarme por gestos o señas lo que me quiere decir.

- Lo cierto es que yo por señas no sé decir ni batata ni casi nada comestible, con lo cual me resultaría muy difícil hacerme comprender. Además siempre que hablo por señas me confunden, piensan que soy griego o zulú.

- Claro.

- Claro.

- Pues nada, si usted no sabe decir batata por señas y yo no sé decir batata en su idioma esta conversación carece de sentido.

- Me temo.

- Cierto.

- ¿Y para qué quiere usted batata aunque no sepamos decir la palabra en lenguaje alguno?. Es más, extiendo el sentido de mi pregunta, si me permites, ¿para qué querría batata una criatura que camina por las luces lunares sobre las olas y asusta a las personas?.

- Un antojo.

- Ya.

- Sólo queda despedirnos.

- Pues que tengas una buena noche.

- Pues sí.

La perra, al volver a casa, hizo tres saltos mortales hacia atrás y dos y medio con tirabuzón para explicar al resto de la familia lo acontecido en su perra salida nocturna. Le dieron un regalito en forma de hueso, puso cara de malas pulgas y se durmió en mi sillón.

Yo dije que había conocido a un señor de Cuenca muy simpático y hecho una foto mediocre y media.

Lo normal, vamos.

jueves, 1 de octubre de 2009

Más frutas, más



Ayer iba yo corriendo por uno de estos cerros y veía a mis pies el valle del río grande de Andalucía retorcerse entre árboles en formación geométrica y oleosa; era el paisaje como sacado de un cuadro con ciervo y flamenca, con la sierra como telón invitado y las altas nubes blancas dando lustre y esplendor. Entre visión y mirada me acordé del libro que me prestó Jose: Las armas y las letras, de Andrés Trapiello y me puse un post-it en el cerebro escrito con el rotulador amarillo de Snoopy para acordarme de buscar más obras de este hombre. Cuando coronaba la cuesta de las punzadas dolorosas me crucé con Nean Dertalis, una criatura con la que he compartido algún rato como parte de mi integración temporal en la zona, él me hizo un comentario gracioso y yo le respondí con un gruñido agónico como corresponde a mi condición de cuarentón nicotinizado y lento ascendiendo al calvario de la forma física y la esbeltez.

Es Nean Dertalis un especimen curioso. Musculoso hasta el agobio, suele vestir con ropas imposibles, comprimidas y exiguas que le permiten mostrar al género femenino, y sospecho que también a todos los demás, una musculatura redundante, masiva y encorsetadora. Es su caminar vacilante y ostentoso, de tal forma que necesita dos aceras para mostrarse en todo su esplendor.

Tiene la criatura un don: la mirada fija. Y es la cosa que cuando tiene frente a sí a una mujer que le resulta sexualmente atractiva, esto es, todas menos su madre, se las queda mirando fijamente, empequeñece levemente sus ya menguados ojuelos y toma aliento para aumentar dos tallas su capacidad torácica de mula parda de lomos triangulares. Le he visto hacerlo con una de las camareras de "El Repollo Feroz" con el resultado de que la chica rubia de la cofia colorida se pone colorada, traspasada por las agujas obscenas de tanta dedicación explícita y dosrombera. Vamos que se la come con los ojos y ella se pone colorada como en la copla.

Yo no puedo dejar de pasarlo bien con este tío aunque a veces, debo confesarlo, le encuentro un poco patético y perdido, especialmente cuando me aburre con sus hazañas de cama, fregadero y repeticiones atléticas en compañía de otras.

Hoy, al terminar las clases, he salido corriendo sin ropa de tal para refugiarme en la ventana azul. Y es que me he propuesto conocer a personas aquí como misión principal pero todo tiene un límite y esta tarde me apetece estar solo en casa con Trapiello, el naufragio del 98 y el terremoto de los del 27.

Tengo que acordarme de contar la conversación de esta madrugada cerca de la frutería de la calle de los Azulejos.

Me pondré otro post-it en el encéfalo.

sábado, 26 de septiembre de 2009

e-Magin@ una frutería.



Hay cosas que uno disfruta enormemente y nunca comenta con nadie por temor a la camisa de brazos cruzados mágicos. Uno de mis lugares favoritos son las fruterías, esos tanatorios llenos de hermosura, colorido y olores efímeros, simétricos, acotados y variopintos.

La otra mañana, serían las siete menos cuarto, estaba en una esquina de e-Magin@ esperando a un amigo con mi mochila de Mazinger Z conteniendo mi estuche de Snoopy y los rotuladores de colores. En los pocos minutos que ha tardado en aparecer el esperado he saludado a tres personas. Sí, en este lugar la gente se saluda por la calle en las madrugadas. El primero me ha sorprendido, a los siguientes les he dedicado el saludo correspondiente al suyo y una amable, sincera sonrisa. El primer amable rural ha salido de un bar dejando un rastro oloroso de coñac y ducados, se ha montado en un tractor que arrastraba un remolque con una especie de ventilador a popa. Ni idea, será para airear semillas o ventilar productos químicos, ya preguntaré. El segundo se ha bajado de un Land-Rover verde y ha entrado en el bar para relevar al anterior en el antiguo arte de escanciar madrugadas. El tercero estaba descargando cajas de frutas que introducía con decisión y habilidad en un pequeño comercio que tiene un rótulo mágico pintado en azul en una tablilla blanca: FRUTERÍA.

Como quien no quiere la cosa, como una mosca oliendo miel, me he acercado a la puerta, me he abierto de narices y por un momento he cerrado de ojos, allí olía a higos, brevas, granadas, peras, manzanas y caquis. Cuando he descorrido los párpados el frutero, encorvado y caja en ristre, me decía "buenoj díaj" con una sonrisa. Le he respondido entre azorado y compungido porque no me gusta que me cataloguen de raro en la primera semana y mucho menos que me sorprendan de amanecida en el preciso instante de gozar del efluvio de la breva nueva. Ha sido un desliz imperdonable.

Al volver, por la tarde, el Señor De Las Brevas me miró desde la silla de esparto reclinada, entre cómplice y mosca perdido, me cruzó la cara con un amable y comercial buenas tardes.

Claro, me sentí obligado a comprar quintal y medio de higos secos y cuarenta arrobas de nueces para disimular.

Ahora voy a la farmacia. He perdido la capacidad de obrar.

Pufffff!!!!!

lunes, 21 de septiembre de 2009

e-Magin@, una ciudad cualquiera.



Esta tarde al salir de la biblioteca he visto una nube blanca y con aspecto de cúmulo en el nimbo. Inmediatamente me he acordado de todas las nubes de algodón de las ferias y del puesto de churros de Francisco en el mercadillo de la Avenida Lexington de la Nueva York. No podía ser de otra manera, así que me he puesto a buscar la foto y ahí la tenéis.

E-Magin@ disfruta de una preciosa y fresquita tarde de verano decadente. La sierra me impide ver el mar; pero se lo vamos a perdonar por ahora. La vida aquí tiene un ritmo lento y tranquilo. Los habitantes son un poco peculiares, nada que ver con mis rinconeros favoritos, gente de mar, de horizonte y canícula. El aire aquí es puro y transparente, las conversaciones repetidas y con acento entre agresivo y raro; mis refugios son correr, estudiar, leer y esta ventana azul.

Pocos e-Maginativos he conocido aún, estoy en ello.

Le he alquilado un piso a Germán Canoso, un señor de pelo gris, hablar vacilante y un poco vinícola que me ha contado que vivió media vida en un sitio con factoría pero que no se acuerda de nada y la otra media está intentando anotarla en un diario que aún no ha empezado. Cualquier día de estos, dice. Tiene noventa y nueve años y es un optimista convencido. De hecho le tiene contratado el ayuntamiento como augur de cosas buenas, soñador entusiasta y capullo florido de reconocido prestigio. Es un encanto de hombre cuando recupera el conocimiento en la taberna de Frascuelo y de María.

Mi vecina, puerta con puerta lo que usted necesite nada más que llamar, se llama Vecina Deal Ado. Está casada con D. Mi Marido y además son pareja de hecho y son dos, como las parejas normales. Parecen buena gente, mañana les voy a pedir treinta huevos y veintidós kilos de azucar para hacer un bizcocho. A ver qué dicen.

Mis obligaciones en esta ciudad rural, subida en cerro y con vistas a Polonia y sus jinetes son múltiples y varias. Tengo que estudiar cosas, leer libros para olvidarme pronto de las cosas que estudio y hacer amigos, aunque en este intento progreso entre poco y nada. Hoy, sin ir más lejos, he comido con Mario y otro cuyo nombre no recuerdo pero que era tonto doctorado, Mario me ha dicho que quiere ser intelectual de mayor mientras el otro asentía sereno con la mirada perdida en la camarera. Cuando me he recuperado del pasmo se me ha escapado una carcajada y he puesto perdida de gazpacho con tropezones a una señora de buen ver y mal perder.

Mañana salgo a correr por la mañana otra vez. En cuanto esté a punto de perder el conocimiento por estas cuestas del demonio, Dios le confunda, recordaré que será ya martes y que queda menos para empezar el siguiente libro y tal vez encontrar una persona normal que vea churrerías en las nubes y jinetes polacos en cerros e-Maginarios.

Madre mía. Menudo invierno nos espera.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Me voy a e-Magina.



"Somewhere my love" es, como decía en la entrada anterior, un tema de la película Dr. Zhivago. No recuerdo el motivo por el que empecé sacando el tema; pero como la cancioncilla sigue siendo buena, la dejo.

Me voy.

Sí. Me mudo a un lugar que he bautizado e-Magina. Es un sitio que no existe. Durante los próximos meses este blog va a ser un reducto, un fortín anclado en ninguna parte, sin pies en el suelo, ni cielo sobre la cabeza donde aparecerán cosas inventadas, absurdas, reflejos de espejos rotos y fragmentos de rayos. Voy ir mostrando a mis amigos y a los visitantes perdidos por esos ciberespacios de Dios cosas y personajes que aún no he decidido, que no existen y que sin embargo serán hijos de la experiencia y de la imaginación.

Como ni yo mismo entiendo lo que acabo de escribir, os invito a seguir lo que va a pasar pronto por aquí, a ver si nos aclaramos.

Tic, tac, tic, tac...

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Abierto. Pasen y vean.



En la banda sonora de la película Doctor Zhivago hay un tema musical que se llama "Somewhere my love", buscadla si no la conocéis porque es una maravilla. La fotografía que véis arriba la tomé en Central Park, en la ciudad de Nueva York durante estas vacaciones. Ciudad de contrastes, donde te abruma la grandiosidad en un momento y cinco minutos después estás sentado en un cafetín de Chelsea disfrutando la paz y creyendo que te has ido a otro país.

Como en la vida todo se acaba, ahora toca empezar, con renovados bríos como decían en el NODO, un nuevo curso. Nunca mejor dicho en mi caso. Me voy a estudiar unos meses dejando de lado trabajos, obligaciones y, desgraciadamente, mi querido Rincón, salvo los fines de semana.

Lo que hay delante en mi agenda no son viajes ni reuniones de trabajo, es un apacible calendario escolar con exámenes, profesores, compañeros y libros que huelen a nuevo. Leches, me dan ganas de comprarme un estuche, un transportador de ángulos de Snoopy y una mochila de Mazinger Z. ¿Las fabricarán?

Está bien. Me apetece el frenazo para tomar referencias, desacelerar el paso y disfrutar del otoño mirando dentro y fuera.

Lamento el tono poco humorístico, pero es que estoy escribiendo esto desde un hotel de esos que es como todos los modernos: sin alma, eficientes, asépticos y oscuramente silenciosos.

Y correr... Vuelvo a correr, a sudar las horchatas que este verano he aprendido a hacer con chufas de verdad en vez de comprárselas a un cualquiera.

Estamos en marcha.

Empieza el cole.

Saludos a todos.

martes, 21 de julio de 2009

Cerrado por vacaciones.




Diario de un día cualquiera.

Me levanto.

Me baño en la playa.

Me tumbo.

Me levanto.

Me baño en la playa.

Me tumbo.

Me levanto.

Me baño en la playa.

Me tumbo.

Me levanto.

Me baño en la playa.

Me tumbo.

Me levanto.

Me baño en la playa.

Me tumbo.

Leo.

Leo.

Leo.

Hasta pronto.

jueves, 9 de julio de 2009

Cal pa los bichos y la caló.




¿Cómo serían sus vidas agarrados a la roca, viviendo, pariendo, muriendo entre paredes irregulares, unas veces rezumando humedad y calor, otras frías, gélidas?

¿Cómo forjaron su forma de ser el miedo, la privación y las oleadas de extraños invasores de lenguas, vestidos y costumbres tan dispares?

Les imagino pacíficos, aferrados al río y a la montaña, cuidando cabras y cerdos, recolectando el fruto de sus cosechas mínimas, arañando un metro más a la roca con esfuerzo, constancia y paciencia, sin apenas herramientas, siempre mirando al mar, allá a lo lejos, esperando el siguiente saqueo, ocultando a las niñas, el grano, la carne y el pescado en habitáculos aparentemente inaccesibles.

Imagino al romano subiendo la cuesta. Imagino al ibero sentado en la puerta de su casa-cueva despellejando un conejo. Se levanta. No, el conejo, no, el ibero. No se atreve a mirar los ojos del militar que rodeado de líctores malencarados se ha detenido frente a su puerta.

Julio Cesar está cansado le duele la espalda, ha venido a probar las aguas, dicen que son buenas para el hígado. Se detiene, la subida es empinada. Con un gesto pide agua, un esclavo se arrodilla a su izquierda y le ofrece una copa de plata.

El ibero apenas respira, inmóvil.

Julio César le pregunta: ¿vives aquí?

- Sí.

- ¿Sabes quién soy?

- Un romano rico.

Dos de los escoltas carraspean, si la respuesta no le parece adecuada a su jefe, tendrán que degollar allí mismo al insolente.

- ¿Qué respuesta es esa?

- Vuestras ropas, la escolta, la copa de plata, esa espada. Sois un romano rico.

El roce metálico del gladius es inconfundible. Una mano huesuda y de cuidadas uñas se alza y el soldado detiene el movimiento. La espada seguirá en su funda. El ibero vivirá por ahora.

- ¿Vives en esta casa?.

- Sí.

- Mi nombre es Cayo Julio César.

- Yo me llamo Manolo.

- ¿Manolus?

- No, no, Manolo. Esto es Málaga. Aquí si te llamas Manolus no te toman en serio.

- Manolo. ¿Ese conejo lo has cazado tú? Me interesa la caza, quiero saber con qué arte o arma lo has abatido.

- El conejo es del Mercadona, a ocho euros el kilo, mi niña me lo ha traído esta tarde de Estepona, sabe usted.

Julio César se rasca la incipiente calvicie, parpadea dos o doce veces y explota. Es un arranque de ira que sorprende a todos, incluso su esclavo más veterano se tumba en el suelo panza arriba, sumiso y perruno. "Yastamos otra vez", susurra el escolta más joven.

- Me voy a cagar en todo!!!! ¿Cómo que en el Mercadona?. Los iberos tenéis prohibido ir a esos supermercados hasta que los inventen y eso aún no ha ocurrido, MAMON!!!!

- El ibero Manolo, Manolus no, Manolo. Saca un paquete de Celtas y prende, tranquilo, un cigarrillo.

- ME VOY A CAGAR EN TODOOOOOO!!!! EL IBERO FUMA CELTAAAASSS!!!!!!

- Esto es un sindios!!!!! A este que lo saquen de aquí inmediatamente y lo pasen a Telecinco, no lo quiero en mi Canal de Historia.

- Glupsss.

martes, 7 de julio de 2009

Libros playeros, sustos y un pueblo blanco.



Casares, dicen, recibió ese nombre en honor a Cayo Julio Cesar que anduvo por esas cuestas allá por los años sesenta antes de Cristo y los Beatles. Tengo que confesar que sentí un cierto escalofrío al leer la placa que menciona la visita de tan ilustre criatura que tanto lío armaría años más tarde en las Galias y más allá.

Claro que no sé si el escalofrío fue fruto de la impresión histórica o de los calambres, sudores y agobios que me había producido la subida hasta lo más alto del pueblo una mañana de finales de junio. Vete a saber.

Escalofríos, tiritona y sofocos es lo que me está produciendo el libro que me ha prestado Miriam. Os resumo lo leído hasta ahora:

Un señor monje se dedica a ir de convento en convento crucificando monjas y poniéndolo todo perdido de sangre y cosas pegajosas en nombre de un jefe que tiene que es malo malo, luego va a la selva y vuelve a ponerlo todo perdido, pero esta vez de ceniza y azufre; maldiciones y cadáveres que se levantan y persiguen a un sacerdote que sabe veintitrés idiomas y dos dialectos, pilota, navega, lustra y da esplendor entre sexy y respetable del todo; primor de hombre, vamos. De pronto se encuentra con la agente del efebeí que ve cosas que no se ven porque tuvo un accidente y dos desmayos y se hacen socios en exorcismos, papiroflexia criptográfica y parchís templario. Mientras estos le buscan infructuosamente, el malo, que más que malo es un mamón, sigue haciendo cosas propias de su condición, odiosas, sucias y repugnantes. Y, claro, yo que pensaba que los monjes sólo hacían cosas buenas, y dulces, mientras cantan gregoriano, estoy en un sinvivir. A mí estos libros veraniegos que huelen a aftersun me rompen los esquemas. Será un bestseller de esos, pero esto no hay quien lo entienda.

Y además, lo confieso, me da miedo, me pego unos sobresaltos, sufro unos pasmos de agárrate y no te menees. Sin ir más lejos, anoche a las tres y veinte me dio por soñar con el libro, me atacaron tres vampiros, una monja esteparia, una perdiz ojimanca y la madre de Cristiano Ronaldo. Un sueño horroroso del que sólo me pude recuperar tras dos descargas de "apártense".

Desde que he empezado "El evangelio del mal" no salgo a correr por las madrugadas sin mi kit antisatánico del Mercadona.

¿Qué tendrá esto que ver con Casares y con Julio Cesar?

Incógnita misteriosa.

F

sábado, 4 de julio de 2009

Gremios.



Entre Tokio Blues y un libro sobre submarinos alemanes en la Segunda Guerra Mundial, me he zampado un par de tomazos sobre Publio Cornelio Escipión de un tal Posteguillo que me han entretenido muchísimo -Quinto Fabio Máximo me ha dejado pasmado-; hemos trepado como gamos en manada a lo más alto de Casares; practicado el tumbing cerquita de Tarifa. He participado en una carrera con cronómetros y competidores, cortita y que me dejó agujetas hasta en el llavero pero que acabé con éxito, mérito y recompensa... en fin, que esto es un no parar, oiga.

Y claro, con tanto meneo el blogrrgg abandonado.

En El Rincón, por seguir con las crónicas del pueblo tenemos, ya lo sabéis, personajes de lo más variopinto, y en verano más.

Entre los excéntricos más famosos está Petronilo Páez, un ciudadano costero, asustadizo, de vulnerabilidad probada, rencoroso de buena fe y raciocinio menguado que ejerce de impresionable, sensible y moldeable. Es su particular afición la de quedarse de piedra, y lo borda la criaturita. Que está el hombre en la playa disfrutando del solecillo y le dices buenos días, se gira lentamente, te mira desde lo más profundo de su hondura y se queda de piedra. Que está por salir la luna naranja por levante y le das una cariñosa palmada en la espalda y va y se queda de piedra. Una cosa digna de ver.

Otro que tal baila es Juvenal Difuso, un poeta venido de tierras por descubrir, aficionado al suspiro inverosímil, la risotada inoportuna y la exploración del universo interno sin telescopio ni nada. Es Difuso un individuo proclive al llanto, la exageración y el menosprecio acentuado en época de rebajas.

Teníamos una estrella del Pop, pero se ha ido al entierro de un ángel de Charlie, dicen las comadres y los copadres en la frutería de Ernesto, que es un ciudadano argentino natural de Canillas del Aceituno. Le llaman Argentino porque siempre viste de plata y azabache en las novilladas de gacelas, no porque sea o haya estado jamás en el país de los argentinos.

Creo que podemos dejarlo por hoy mencionando a Grosella Frutal. Una joven que subió una mañana al Tajo, se asomó a la barandilla de la torre, apoyó el mentón en la madera salada y allí sigue desde entonces. Dice que no se baja hasta que el amanecer le parezca aburrido. Lleva allí treinta y dos lustros.

Me mola este Rincón.

sábado, 6 de junio de 2009

Vaya telita con los historiadores





El otro día, ya os lo conté, hicimos una excursión a las Cuevas de Nerja. Por cierto, quiero quejarme de que al entrar hay una señora que hace fotos con flash que luego te venden a precio de barril de crudo pero que, por lo visto, no perjudican a la cueva, todo lo contrario que los flashes de los turistas, que están prohibidísimos (cosas de España). Inmediatamente detrás de la infractora salvaje y capitalista hay una pequeña exposición con objetos varios, viejos y rotos, una calavera sonriente y calva y un visor de plástico con explicación adjunta por donde metí el objetivo de mi prodigiosa máquina de retratar, ahí arriba tenéis la foto resultante.

Dice mi hijo que es un elstronciano multifuslierdríco antiguo, yo creo que es una becerra común y mi hija que sí lee las cosas afirma que o es bambi o su madre, que no se acuerda bien, mi mujer tenía la cara tapada después de ver la calavera y no miró por si acaso se llevaba otro disgusto. Claro, los demás le decíamos que no pasaba nada. Para fiarse.

Mayo ha sido para nosotros el mes subterráneo por razones que todos en casa ignoramos, ha sido como una inspiración geológico-perversa que nos ha llevado a visitar los sitios más oscuros, lo digo porque también hemos visitado las Cuevas del Tesoro, acuáticas, suaves y coquetonas de las que ya colgaremos alguna foto. También hay, aunque no se pueden visitar, pinturas rupestres. Total que nos hemos dado un paseo por lo más antiguo del ser humano en la esperanza de que el esfuerzo haya calado en nuestros tiernos infantes.

No sé. A ver qué pensáis.

Lo que hemos aprendido, sumando los comentarios de los cuatro a postreriori (o sea en los postres de las pitanzas que siguieron) es:

Que los primeros fotógrafos en esta zona eran unos tipos con las uñas sucias de barro y sin papel higiénico; que en aquella época era habitual tirar platos de cerámica por el suelo en vez de meterlos en el lavaplatos; que en El Rincón o no había peluquería o eran todos heavies; que las señoras tenían niños barbudos a los que les faltaba un eslabón o algo así; que los municipales tiraban flechas a los que cazaban tigres-diente-de-sable sin casco y que Ben10 en vez de reloj omnitrix transformador y milagroso se hacía pulseras de "silitrix" con conchas de la playa;, que el señor del butano aún vivía en Rumanía porque sólo había hogueras microondas, que el alcalde era un dios con un ojo y nombre de medicina y que el atletismo probablemente se inició en esta zona del mundo mientras los rinconeros huían de animales con nombre crucigrámico, aspecto malévolo y cuerna imponente.

No conozco otra familia capaz de hacer tanto daño a la prehistoria en sólo dos visitas.

Pasadlo bien.

viernes, 29 de mayo de 2009

Gentes famosas de Bezmiliana.




Teodosio Alambique fue uno de los primeros alcaldes que tuvo mi pueblo. Dicen las crónicas que inventó la parrillada de mariscos, la pítima sin resaca y los recuerdos indoloros; vivió noventa y tres años, dos días y un suspiro. Sus últimas palabras figuran en el códice XXII de Alfonso X "El Entendío", siendo éstas: "que me quiten lo bailao y esta pulga jodedora", tras lo cual expiró entre gritos de plañidera de todo a cien y ladridos de Rufo, su perro naranja.

Teodosio cedió el bastón a un sobrino suyo, Alarico Cava, que descubrió el limón para el gin-tonic, Singapur y una máquina para renovar alientos, ilusiones y desdramatizar. Fue precisamente este último invento el que le costó la vida a la corta edad de setenta y dos latidos; no le tomaron en serio y la acidez de estómago pudo con él. Apenas gobernó y no queda constancia escrita de sus decisiones administrativas.

El siguiente en la sala de alcaldes ilustres, si la hubiera, sería Chan Qte, un náufrago recién llegado el día que llegó, de aspecto circunspecto, altiva mirada, nariz esdrújula, carácter tempestuoso y zurdo de pro que ocupó el sillón del concejo sin oposición alguna para pasmo de la concurrencia y admiración de propios e impropios. Y como ya estaba allí, le dejaron hacer. Fue alcalde veintitrés años. Jamás le preguntaron. No hablaba la parla de aquí.

Qte era corredor modesto, el primer alcalde que practicaba el noble deporte del atletismo popular por estas playas. De él se sabe que implantó, por gestos, las carreras equinocciales y solsticiales de diez mil metros en las que sólo él podía participar, aunque recuerdan sus partidarios y un artículo de El Sur que no se presentaba para no abusar. Era su indumentaria rudimentaria, como es fácil suponer dada la época, ni visigoda ni viceversa. Solía desplazarse por las arenas calzado con cueros viejos, tanga de licra por inventar importado de los dominios tupíes y camiseta Visigoshumushu que compró en Tarifa de segunda mano. Se le recuerda por su olor acre, su mirada perdida y una uña inolvidable en la mano del tenedor.

Terminamos el repaso de hoy a la historia antigua y apócrifa de mi pueblo rindiendo un sentido homenaje al sucesor de Chan. El insigne "_____ ". De " _____ " no se sabe casi nada. Sólo consta que fue alcalde treinta y dos lunas y un sol, que escribía versos con tinta invisible, oía a los grillos con atención y hablaba tres lenguas y un labio. Una vez se sentó en la torre, miró hacia África, la vio entre la bruma uno de esos días raros, se tiró por El Tajo y se le perdió de vista nadando hacia el sur.

Cosas de los Rinconeros.

Extraña seducción.


Cuando paso por las tardesnoches corriendo bajo su balcón siempre la saludo, es una formalidad que cuido mucho, está tan joven, parece tan real entre los setos, con esa pose de medio lado y la sonrisa un poco tristona.

A veces cuando llego a su casa ya voy un poco cansado pero hago un esfuerzo para erguir la columna, doy un poco más de ritmo a mis piernas intentando parecer un corredor veterano en lugar del voluntarioso aficionado de avance cansino y retos mínimos que usa el cronómetro para calcular cuándo se pondrá el sol en vez de para contabilizar mejores marcas o fantásticas evoluciones atléticas.

Me influye, me anima y me gusta pensar que formo parte de sus tardes, que espera verme aparecer torpón y desastrado pero siempre queriendo impresionarla; y ella me mira atenta, aparentando sorpresa y azoro, me sigue en ese juego repetido de los niños con las niñas que nunca se termina de acabar por mucho que nos hagamos mayores.

Marilyn siempre está ahí, no la despeinan levantes ni ponientes, nunca se enfada ni se altera, ella siempre tan compuesta, ajena a cuanto la rodea, reinona majestuosa y encerrada en su marco de madera y cristal.

Ella está siempre ahí y yo imagino que me espera cada tarde para ayudarme a correr un minuto más.

Y, claro, tuve que volver para meterla en los cristales mágicos.

lunes, 25 de mayo de 2009

Sin tabaco, gracias.

Cuevas de Nerja

Después de unas semanas de vacaciones fumadas, hoy he vuelto a ser un ex-fumador. Van 18 meses y a la vez empiezo de cero.

No tengo nada más que decir hoy, salvo que estoy de mala leche. Hala!!!

Espero que os guste la foto. Demasiado obvia tal vez, la postalita de toda la vida, pero como la hice sin trípode, apoyado en una barandilla y aguantando la respiración, le he tomado cariño.

Pasadlo bien.

sábado, 23 de mayo de 2009

Dos


El señor leía la prensa deportiva disfrutando la magnífica mañana de primavera, la niña venía patinando a una leche que ya querría Fernando Alonso, el mirón tira de cámara, ajusta rápido los parámetros y, plas, se guarda otro momento en la retina electrónica.

Hacer fotos es un vicio, una aventura, un reto permanente, una diversión asegurada, una caza incruenta y excitante. Da igual que lleves la cámara contigo, vas siempre haciendo fotos por ahí, algunas las puedes recuperar más tarde cuando vuelves con los cristales de afotar, otras símplemente quedan archivadas entre neuronas, lípidos, proteínas, encimas, ácidos y conexiones eléctricas.

Uno es de memorizar la vida en forma de fotografías. Y eso no es malo "de suyo". A estas alturas de la cuarentena ya tengo una buena colección de rostros, sonrisas y lugares.

Y que sigan viniendo...

lunes, 18 de mayo de 2009

Musaraño de Bezmiliana II


Ermitaño Efluviano, panadero de oro, poeta en tiempos libres y coleccionista de suspiros escribió una vez: "Correr es volver a la infancia". Poco después de escribir con carboncillo en piedra pomez tal pensamiento, una cohorte de la VI Legión con base en la Lumbalgia Meridional le prendió, fue sometido a juicio y puesto en libertad con cargos; le hicieron llevar a la espalda durante el resto de sus días, dos, un saco lleno de guías telefónicas en marmol de Carrara; pero sus enseñanzas han llegado hasta nuestros días.

Contemporáneo del anterior fue Herniado Inguinal, natural y vecino de Mora Falaz, en lo que en nuestros días conocemos como Burguillo de la Tomatera, provincia de Basora a orillas del Mare Mía. Herniado escribió un tratado de cinco tomos sobre el pie, la rodilla y el atún en escabeche del que se conservan extractos en una tienda de IKEA en Somalia. Para no cargar las tintas nos centraremos en la piedra angular de su teoría, su pensamiento magno, su mayor contribución a la historia del atletismo:

"Pufff".

Ya!! No está al alcance de todo el mundo por la simpleza complicada de su afirmación intemporal. Algunos filósofos, me viene a la mente por ejemplo, Mirlón Máximo, crearon escuelas en torno a esta idea. La discusión duró siglos en los sesudos círculos de pensadores con sauna, venenito y mozos imberbes, las ágoras echaban humo, creáme la concurrencia.

Por último, pero no menos importante, quiero recordar esta tarde, antes de dedicarme al noble arte de dar saltitos rápidos por ahí, la figura del insigne ensayista español D. Cosme de Aranda, amancebado caballero, jinete sin par, elucubrador, flatulento de pro y apasionado de entresijos, dobleces y redundancias quien en su obra "El atletismo moderno" concluía: no por mucho correr amanece por las noches. Fue ejecutado de ipsofacto bajo la autoridad de Murat "El Ensortijado", en la Plaza Mayor de Madrid el día 21 de junio de 1.808, acusado de copisterio recalcitrante, furibundo olor pedal, pedorro en grado de tentativa, contrario a la Ilustración y a los principios revolucionarios y por vender churros en mal estado en San Jerónimo.

Lo dicho, la historia del atletismo está llena de anécdotas.

jueves, 14 de mayo de 2009

Musaraño de Bezmiliana


Según intrenete una ballena tiene entre veinte y treinta pulsaciones por minuto, un caballo entre veintiocho y treinta y dos, el escarabajo pelotero común no se deja tomar la muñeca y los camellos entre cincuenta y ochenta y cinco, según se dediquen al hachís u otras sustancias más elaboradas.

Yo corro a una media de ciento sesenta y pico. Según tengo entendido viene siendo el umbral anaeróbico de la musaraña común de Bezmiliana. Si tenemos en cuenta que cuando me levanto por las mañanas mi corazón se despereza entre sesenta y setenta bombeos por minuto, podemos deducir, que cuando troto por el mundo estoy más cerca de ser musaraña que adulto humano cuarento-bipédico.

Establecido lo cual, y como dijo Patrimonio de la Renta, efesiano de pro y catador de mostos: vamos al Tajo.

Se viene teniendo conocimiento de carreras atleticoncurridas desde muy antiguo. Si descontamos los arreones en pos de jeroglíficos uros, peludos bisontes y tigres sin cobertura dental, podemos decir que el correr es una actividad antigua que se ha venido practicando con entusiasmo y creciente popularidad desde hace muchos siglos.

Dicen que Uñero de Piéfeso aconsejaba untar las partes interiores de los muslos con aceite de oliva antes del ejercicio; pero su vecino, Mirón de Catalejia afirma en su epistolario a Marujita Díaz que jamás, después de dejarse untar tales partes, se le vio salir del tálamo horizontal y que cuando lo hacía mostraba sonrisa estupidísima y levantisca excitación.

Dos siglos más tarde Patrocinio, hijo de Subvenciónides, recomendaba a sus alumnos tebanos la ingesta de miel, grasa de toro e higos chumbos para mejorar el rendimiento cardíaco. Ya había sido establecida pues la relación directa entre el músculo cardíaco y la velocidad a dos patas.

Hubo de llegar Anticuaya Susmúlides, famosísima discípula de Eltuno Perennis, para descubrir la relación entre correr y la cría con éxito de la marmota común. Hecho aún por demostrar, pero de indudable interés científico.

La historia del atletismo está llena de anécdotas. Ya la iremos descubriendo.

Ya.

lunes, 11 de mayo de 2009

Reaparición tras parada técnica.


Después de un parón por viajes varios y perrería extrema el que suscribe ha vuelto a calzarse las mallas cortas, las zapas y el cuentakilómetros.

Cuatro kilómetros. No voy a poner los tiempos parciales, total, ni la velocidad punta - subsónica, eso sí - para no abochornarme a mí mismo, pero bueno, lo importante es que he vuelto a endorfínico mundo de la calma, la playa y la carrera.

Hoy he desayunado a seiscientos kilómetros del lugar en que he almorzado, cosas de los trenes velocirraptor, la cena (frugal), de vuelta donde he desayunado; después de tanto chucuchú, tanta reunión absurda, de dos conversaciones interesantes y unas cuantas fotos en la retina sin cámara que algún día haré, me apetecía relajarme pateando los charcos de la tormenta del sábado por la noche.

Unas flexiones sin pretensiones, unos esssttiiiiirrrraaaaamiiiiiiennnnnntoooooosssss suavesssitos y a trotar que son dos días.

Espero que el tiempo se mantenga y no me envuelva de nuevo la capa de la perrería por ventolera y aguacero. Que estamos en Málaga, oiga, que esto parece Pontevedra sin rías, leches.

El de la foto no soy yo porque aún conservo peluquín genético-craneal y no uso cinta frontoauricular extrema, pero como si lo fuera o fuese, mesmamente.

Saludos endorfínicos.

domingo, 10 de mayo de 2009

Confucio inventó la confusión!!!!


Dice una miss guapetona y exótico-ilustrada, orihunda de Panamá, youtubera y famosona que Confucio inventó la confusión. Ya sabemos quién es el responsable de todo este caos que nos envuelve. El muy cabrón. Y debe ser verdad, porque lo han dicho en la tele, en la caja esa que todo lo sabe.

El otro día andaba yo medio tirado en una playa allí donde no hay más Europa por el lado del sur disfrutando de las vistas cuando apareció de la nada una moza caminando las arenas vestida de Charlot en una comunión. Como tengo alma enfermiza me dio por pensar cómo quedaría la interfecta retratada en blanco y negro, encuadrada de arena, agua y matojos ventilados, así que puse en marcha los cristales y los mecanismos.

Sombrerito negro con seda blanca, falda al vuelo, esbeltez de pasarela y pies del cuarenta y tres, fotogénica criaturita zapato en mano caminando etérea su soledad, protagonista de mil historias posibles, creadora de un caminito de pisadas pausadas dejó tras de sí un rastro de preguntas huérfanas de respuesta.

Yo creo que es una actriz de cine siria de paso por estas playas promocionando un reportaje sobre el orangután malayo y que cuando era pequeña vio demasiadas telenovelas turcas.

¿Qué pasa? ¿No puede ser?

Los que me vean a mí correr por la playa pueden pensar que soy un caracol metamorfoseado en cetáceo turberculoso en busca de una manada con vacante camino de la desembocadura del Mississippi.

¿Qué pasa? ¿No puede ser?

Cada uno ve lo que quiere ver.

Miss Bella. Gracias por descubrir al culpable.

viernes, 8 de mayo de 2009

¿Debo tener miedo?


El mundo se ha tapado la boca con mascarillas. Los países se blindan ante una nueva amenaza que llena de paranoia a las cabezas bienintencionadas, a los aburridos, a los estómagos saciados.

Dice la FAO que entre cinco y nueve mil personas mueren de hambre cada día en el mundo. No dice nadie cuántas mueren de sed, miseria y desesperación.

Las estadísticas sobre muertes por malaria y otras enfermedades endémicas directamente relacionadas con hábitos corregibles y condiciones mínimas de salubridad son meras especulaciones; pero capaces de avergonzar al más pintado.

Ahora nos dicen que tenemos que temer a la gripe. Todo nos sabe a virus.

¿De verdad somos el ombligo del mundo?.

De todas formas, y por si acaso me paso una semana estornudando en la cama atiborrado de medicinas comercializadas por empresas que nunca sufren las crisis, me he ido a hacer fotos al sur, muy al sur.

Esta hermosa gaviota de párpados rojos y líneas gráciles no me pareció infectada.

¿Tú qué crees?

sábado, 2 de mayo de 2009

A veces la foto te elige a ti.



He visitado el lugar miles de veces, andando, paseando, solo, en compañía, corriendo y nunca había visto esa mirada.

Este niño tampoco puede salir a jugar, es una versión mística y castiza de Niñoazul. El recuerdo permanente de lo que de bueno tuvimos cuando éramos pequeños.

Una hornacina acristalada, una barca de pescadores entre unas rocas, un reflejo inoportuno, ruido de fondo, un sol vertical de primavera rara, elementos desconectados, casi irreales, adornos flotando y de pronto caes en la cuenta: la mirada del niño está nítida entre tanto caos.

A veces tú eliges la foto, otras, la foto te elige a ti.

Pulsa en la imagen para ampliarla.

F

jueves, 30 de abril de 2009



... y cuando el hombre llegó a la playa ya se había adueñado de la imagen; mucho antes incluso de sacar los cristales mágicos, tomar el encuadre y ajustar los parámetros...




F

miércoles, 29 de abril de 2009

Tres eran tres...



El encuadre. Recortar un trozo de realidad del contexto que lo rodea es fundamental en fotografía. Hay que elegir, es como el día a día, una elección tras otra.

La palabra fotografía significa escribir con luz.

Pues eso. Todo es lo mismo al final. Ver o mirar, vivir o pasar el tiempo, disfrutar o gozar.

Tres eran tres...




F

viernes, 24 de abril de 2009

Ortiguitas, cazón y tortilla de camarones.



Creí que era una aventura y en realidad era la vida, decía el padre de Kurtz.

La vida moderna nos ha llenado la cabeza con heroicidades filmadas en cinemascope. Desde el primer Ben-Hur con títulos de cartulina y piano de fondo todos hemos deseado asestar al malo el golpe de gracia, escalar rascacielos para terminar colgados del reloj, disparar certezos plomazos al cejijunto y volar entre rayos de colores acompañados por un gorila parlante, una yogurtera azul eléctrico y una estatuilla de oscar de tamaño natural. Los guionistas, los peliculeros y las avagardneres nos han quitado el placer de disfrutar las pequeñas cosas. Todos queremos ser Han Solo y eso no sólo no puede ser, es que es imposible.

Yo esta semana he tenido mi aventura particular.

He descubierto las ortiguitas de mar; de pie, con un barril y una tabla como mesa, en mitad de la calle, en un bar con nombre de uvas manchegas, en la provincia de Cádiz, en la gloriosa provincia de Cádiz. Esta semana he aprendido a encontrarle los terrenos comunes a una persona que admiro, he disfrutado con un libro sencillo, he hecho unas cuantas fotos y mi hijo ha recibido un diploma por leer su primer libro. Se lo voy a enmarcar, espero que disfrute como su padre de los libros por descubrir, las personas por conocer y las cosas sencillas.

Ha sido una gran semana.

PD: A los que vais al MAPOMA: disfrutadlo mucho.
PD2: Editado para corregir un gazapazo.

sábado, 18 de abril de 2009

Niñoazul.



Es vecino mío, de esos de buenos días-buenas tardes. Ya sabes. La vida que llevamos nos impide ejercer el sano ejercicio de conocer a los que tenemos más cerca, a las personas cuyo escenario diario es el mismo que nos acoge. Eso está mal.

Hoy, al pasar a su lado, le he dicho hola pelín azorado pero él me ha contestado muy amablemente. La verdad es que me he sentido un poco fuera de lugar hablando con un niño azul de piedra envuelto en una toalla y rodeado de chorritos. Pero a todo se hace uno y se me ha pasado enseguida.

Me ha contado que sale poco, que le gustaría ir a la playa pero que no le dejan cruzar la calle, que le han anclado a la fuente, que le gustaría tener un balón como los otros niños, los que van cada tarde a jugar a su alrededor. También dice que tiene un poco de tortícolis, pero que como es de piedra común de Almería no tiene tratamiento conocido y que las aspirinas le atoran el discernimiento.

Son pocos, sí. Dice que de niños azules hay un censo pero que lo tienen muy guardado porque son especie en peligro de desteñimiento. Y aburrirse también se aburre, que lleva contadas seis billones, trescientos cuarenta mil millones, doscientas cincuenta y tres mil doscientas veintitrés, veinticuatro, veinticinco... gotas de agua y un mosquito anofeles. Bueno, no sé si eran uno o dos mosquitos, soy malo para recordar números.

Le iba a dar dos besos al despedirme, pero me he dejado las botas de agua esta mañana, y mira que yo siempre salgo a hacer fotos con las botas de agua, el botijo y dos lomos en orza de Trevélez. Pero esta mañana se me han olvidado las jodías.

Mañana le estampo otros dos besos como está mandado.

jueves, 16 de abril de 2009

Es un momento nada más.








Ni antes ni después. No importa la cámara, ni el objetivo, la velocidad o la obturación. Es el momento en que decides hacerlo, verle marcharse, esperar, mirar a tu alrededor, darle su tiempo y entonces aparece. Es un momento apenas.

Lo bueno es esperarlo, gozarlo y ahora toca disfrutar con el recuerdo.

Saludos a tod@s.

lunes, 13 de abril de 2009

Pues a la sardina no le hace gracia.



Vamos, ni pizca de gracia le hace a la sardina esto del espeto, pizca de sal vale, pero gracia, gracia, ni mijita.

Que me he comprado una cámara de afotar, oiga usted. Que toda la vida haciendo fotos y por fin me he gastado los duros en una de esas cámaras que te dan aspecto de saber de fotografía, o de papafrita de esos que persiguen a los iluminados focales y les dan lustre y esplendor.

Y muy contento. Ya he hecho catorce mil fotos de sardinas ensartadas, trescientas de perros familiares y ocho mil del niño que el otro día se me acercó con cara de sospechoso homicida y me dijo que estaba harto de hacer el ridículo. Que posar vale, pero que lo mío ya era explotación de rubiales, penadísima y tristísima; añadiendo que él es un menor con derechos y que si quiero que pose le tengo que pagar, con factura, IVA, vuelta y propinácea acordis, que debe ser la planta del dinero. O argo.

En fin, que os voy a freír a fotos, fotos por aquí, por allá...




Sí, sí, de esas con objetivos que se quitan y se ponen, con marca de relumbrón y facturón, dos años de garantía y manual de instrucciones de doscientas páginas, docena arriba, docena abajo. Le he pegado una patada cariñosa a una señora extranjera amiga de un tal Pullitzer y a un bestsellerdesos y ando envuelto en la lectura enmarañada de explicaciones técnicas sobre megapinceles, longitudinales fóticas, velocidades de obstultación y diafragmentaciones laminares. Creo que era.

Tanto, tanto me meto en mi papel de Public Eye que el otro día le pregunté a un besugo espetado en plan inquisidor fotométrico y me dijo que él bien porque era masoquista, pero que las sardinas estaban de los nervios, que les daban mucha caña, decía.

En fin, me voy a correr mi ratillo de hoy. Espero no terminar completamente...

miércoles, 18 de marzo de 2009

Por los tejados de Agrabah...




Por los tejados de Agrabah corre la sombra de Aladino perseguida por los guardias, los tenderos, tres curiosos y la prensa del corazón. No le dejan en paz desde que saben que va a la Isla de los Pedorros en calidad de pretendiente de la princesa del otro cuento, la que salió con los tres cerditos y está preñada del lobo feroz.

- ¿Papá? ¿Si no hubiera orden todo sería un caos?

Un escalofrío bipolar me recorre la columna desde Bilbao a Gibraltar. Lo de este niño va a terminar con mis nervios.

Iago, el loro de Yafar, sobrevuela la escena maquinando cómo satisfacer las ansias de poder de su amo, y de paso soltarle una cagadita al tigre mariposón de la Princesa Jazmín, que se parte de cursi la pobre, pero que tiene su puntito con la manía de rechazar todos los pretendientes que le pone delante su padre, el Gran Sultán Papafrita cuyo mérito en esta vida se reduce a proceder de una matriz, como todo el mundo.

- ¿Papá? ¿Qué son las centellas?

- Chispas, son una especie de chispas.

¿Como las de la elestripitad?

- Como las de la eleCtriCIDAD, sí.

- Papá!!! Quiero tener un reloj Omnitrix que funcione de verdad y convertirme en todos los superheroes de Ben10.

- Ya, bueno, verás, eso es imposible.

Mohín de disgusto. Se incorpora, se apoya sobre un codo, me mira muy serio y me dice:

- No estropees mi sueño.

Toma. Por capullo. Por listo. Te lo has merecido por mayor, por descreído y por paternalista.

- Tienes razón. Quería decir que eso sólo puede ser un sueño, que no puede ser verdad.

- Es que eso son los sueños, papá.

- Ya lo sé Javi, se me había olvidado.

La cueva de boca de Tigre salió de la arena de los desiertos infinitos y un brillo de tesoros como nunca se vieron en los reinos de la tierra iluminó la noche.

Se ha quedado dormido. Con su almohadita, su mantita, su diente que se mueve, los paletones asomando y un sueño que no puede ser verdad.

Los hay con suerte y soy uno de ellos.


F

martes, 17 de marzo de 2009

OKUPA

Fotografía de un paparazzi oculto en la lámpara de mi salón.

Hablan, dicen, escriben sobre el Movimiento OKUPA y yo me hago cruces, no entiendo nada e incluso me pregunto a mí mismo curiosón: ¿Movimiento OKUPA? Si se meten en una casa y se quedan dentro, el movimiento es mínimo. Si acaso se moverán antes de ocupar, con lo que sería más lógico hablar de movimiento preokupa. No sé, soy un mar de dudas, una charca de ranas interrogantes, un arroyo de incógnitas irresolutas.

¿El de la foto?

Pues un ejemplo de lo que digo. Ayer llegó a casa aquí el amigo para que ejerciéramos de padres adoptivos por viajes de los suyos y la preocupación y el stress pudieron con la criatura. A la vista está. Destrozado de los nervios, incapaz de hallar su lugar, echando de menos a sus amos optó por despanzurrarse de tal guisa.

Mi hija opina que es una pose militante, una especie de sentada estudiantil canina sesentayochista trasnochado-tardía en protesta por la mudanza de su cama, manta y papeo. Mi hijo cree que la tripulación de una nave espacial le ha insertado un microchip en una muela y le controlan desde los anillos de Saturno, esto es, más allá de Torre del Mar. Mi mujer dice que vaya tela, que cría cuervos y te echarán de menos y yo le hago fotos muerto de envidia pensando en el desparpajo que tiene aquí el amigo para, en casa ajena, llegar, tumbarse y mostrarse tal cual, sin aditivos ni colorantes, a calzón quitado y huevos por delante. Lo que es la civilización perruna, oiga usted.

Decidido, yo quiero ser okupa canino en mi próxima reencarnación. Me apunto a la degradación (supuesta) desde ya, nada de ser premio Nobel o corredor de 101, quiero reencarnarme en Teckel de pelo largo.

lunes, 16 de marzo de 2009

Boda, cabezas, murallas y un autobús.

Foto propiedad de la humanidad hecha por mí mismo en La Valetta.
Ahora que venga la SGAE y me detenga.

No se puede salir de casa. El turismo es contagioso y no nos queremos dar cuenta. Estamos empeñados en presumir, hacernos fotos como posesos mientras nos damos codazos con otros seres turísticos en lugares de los que no sabemos nada, de los que no aprendemos nada al visitarlos y cuyos nombres o historia no podemos explicar al volver a casa.

Estamos locos, más locos que los romanos. ¿Dónde va a parar?

Ya!!! Uno anda un poco alterado. Las carreras, las endorfinas, esta sensación de sentirte bien a pesar del susto aquél en la carrerita de marras que te llevó al suelo y la preocupación, al desaliento, y un par de meses de precaución. No, si no fue nada, pero estamos acostumbrados al chequeo por un resfriado, a las pruebas de mil euros por un tirón y a la ambulancia por un estornudo verdoso.

Qué!!!! Ya sé que no tiene nada que ver una cosa con otra. ¿Y qué?

Lino me dice que ha flipado con "Todos los sueños del mundo" y las historias que le pasan a Jaime Arbal. Nacho me cuenta que se va a un spa rural. Rafa tiene que llevar la próstata en una bolsa del Mercadona, o algo así me ha dicho. Moha tiene un virus de okupa. Javi está de resaca y no puede venir. El Páter exige un rescate por el Gerente de Volkswagen y Chema se da masajes a la gallega. Aquél quiere irse a Afganistán a hacer fotos, el otro que si a Palestina. El flipado dice que esa guerra es suya. Pepe está callado. Mi Sister tiene un multinegocio y dice que le va bien. Santi ha salido en la tele y le conocen por la cocorota. Carlos rodeado de madera estudia gilipolleces que no le importan, pero debe. A Mavi no la puedo llamar porque no sé si hablarle de la vida o de la muerte después de aquello. Canca va a Berlín a ver un partido que no va a producirse y yo me voy a NY con ella, si Dios quiere.

El mundo está loco, hermano.

¿Por qué no podría estarlo yo? Y escribirlo.

Pues eso, por los amigos y por los riñones que son dos.

Serán las endorfinas.

Ustedes me perdonarán.

Bueno, hagan lo que quieran.

Besos y abrazos.

domingo, 8 de marzo de 2009

Ya es primavera.


El que está detrás de este blog ha decidido no esperar a la fecha equinoccial establecida por la ciencia y desde este mismo momento se declara en estado de buena esperanza. No, no hay por aquí intención alguna de caer en la cursilada, es que estaba ya hartito de lluvias homicidas, vientos desaforados y demás jodiendas tempestuosas. Se acabó el soplar, el llover y el tronar, leches, ya está bien.

A partir de hoy proclamo que si vuelve a llover será lluvia como-de-mayo independientemente de la fecha y que si eolo se trastorna de nuevo sepa que lo consideraremos una erupción olímpica probablemente ocasionada por alergias estacionales, nada de temporal invernal.

Estamos mayestáticamente hasta los mismísimos bytes de malos tiempos y malos rollos. Vengan las toallas playeras de colores imposibles y motivos mil, regresen ya los cuerpos macizos y los desparrames grasosos, lipídica mayoría que no anula el gozo de observar los primeros. Retornen los paseos de tarde larga, las lecturas con solano, el sudorcillo sobaquil controlado y el despelote textil, vengan de nuevo las olas envolventes, las brazadas y los chapuzones, la corriente, la resaca y las aletas, los paseos con arena entre los dedos y las carreras sin plástico, lagrimones húmedos y empujones laterales. Bienvenidas sean las oportunidades renovadas, los largos días y el verano por delante.

Anoche cuando volvía a casa después de ver "El lector", cuando aún cortaban mi piel de dentro los cristales fríos que la película había desparramado por mis tripas, tomé esta decisión criminal, decidí hacerlo: asesinaré a este invierno. "El lector". A veces uno ve una película y siente que hay cosas se remueven muy adentro. En fin, esto empieza a oler a cursi y tenía compromiso electoral.

Lo dicho: He asesinado al invierno, confieso incontrito.

Se joda el septentrión. Viva el calentón!!!!

Feliz primavera, blogueros y tal.

martes, 17 de febrero de 2009

Volver, sin un verbo.


Los recortes de periódico de diferentes ciudades. Los flashes desdibujados por el cristal, desplomados desde la catenaria o la farola amarilla. El pueblo maño bajo el viaducto con casas de juguete. Los crucigramas pendientes. La publicidad famosa en un autobús barcelonés. Las cuadras jerezanas y las marismas de Cádiz, las puntillitas y la manzanilla. El olor a mar y a encina humeante. El avión enorme inerme bajo la niebla. Las zapatillas en una maleta, la caminata, la fuente, la sed apagada. El eixample y la fleca, el queso blanco y el pernil. El tomate y el pan. La nevada y la solanera. El punto y aparte, ausente. El amigo, la historia, la noche y la confidencia. El miedo, la llamada y el teléfono. La soledad de la habitación de hotel y la aventura de la distancia. El tiempo, las horas, las semanas. El sexo en la televisión por cable. La madrugada y las miradas huérfanas y hartas. Las risas, la intriga, la esperanza y el despertar. El trabajo, el dinero, la Visa y el billete. El cava y los entrepans. Los guiris, la cocina y la Rambla. El Estrecho, las corrientes, las vistas y Africa.

De vuelta.

viernes, 30 de enero de 2009

Catorce días

تونس

Y el vuelo me llevó a una tienda de alfombras en Túnez. Ya había estado allí, así que Alí me reconoció inmediatamente. Miró curioso mis canillas al aire, mi pelo encrespado y las rodillas desolladas por el aterrizaje en su azotea cuadrada con vistas al laberinto del mercado y se interesó por el cortavientos de los chinos. Nos sentamos a tomar el té. Le conté que una ráfaga de viento de poniente me había incorporado a un frente frío y que tras entablar conversación con unos gansos noruegos sobre el mar de Alborán, y más allá, terminé cayendo de nuevo en su casa.

Alí, me miró un poco confuso y me dijo que era la excusa más original que nadie le había dado para no comprar una alfombra y que la crisis debía estar apretando de veras a los cristianos.

Me quedé mirando las alfombras. Por separado eran hermosas, el fruto de manos expertas, de ojos adiestrados en la combinación del color, la forma y la textura. En conjunto eran un mágico collage que merecía una sentada de tres tes, ya sabes el amargo, el suave y el dulce. La habitación era un cubo perfecto con un acceso tipo submarino y el olor una mezcla de infusión y esencias florales con un levísimo aroma a pie rancio. Los brillos de las lámparas de aceite y el apenas audible zumbido de un fogón transportable, diminuto. La mano diestra y el chorro preciso que sube y baja. El silencio.

Lo único que se me ocurrió fue contarle a Alí que Abderraman III, Califa de Córdoba, el que mandó construir Medina Azahara, llevaba una lista de sus días felices. Cuando falleció con setenta años sólo había anotado catorce días. O se quedó sin tinta o era un desgraciado a pesar de todo aquel boato, harén e impuestos de lujo.

Nos quedamos mirando los vasos sin decir nada. Alí parecía extrañado. Lo de venir a aterrizar en su azotea lo podía comprender, los vientos son así; pero que le contase la historia de Abderramán el Omeya le pareció mosqueante.

- Tú estás tramando algo.

Me sentí pillado infraganti.

Tuve que confesar que salía a correr. Que había dejado de fumar habitualmente, he fumado cinco cigarrillos en los últimos dos meses, y sólo por sentir el poder de controlar el vicio de tantos años. No sabría explicártelo, amigo.

- Estás loco.

Bueno, Carlos me ha escrito preguntándome por mi último viaje y Gregorio me ha nombrado Director General, tengo la maleta preparada, esta vez al norte, pero a mí lo único que me apetece es contar cosas absurdas.

- Estás loco, cristiano.

- Pues sí, Alí. Como una puta cabra. Ponme otro té, campeón.

sábado, 24 de enero de 2009

Ver para creer

Otra foto propia para demostrar que lo absurdo mola.


Ha sido poner un pie en la playa y empezar a darme palmetadas las orejas contra las sienes. Una cosa, vamos.

Qué vientos!!!! Qué aires!!!! Qué incomodidad deportivo-meteorológica!!!! Por favor!!!!

En mi circuito particular a la par que público tengo un tramo de barlovento y otro de sotavento; dicho a lo bestia, vamos, que no es vericuético, zizaguero, ni siquiera levemente sinuoso, resumiendo: que tengo un tramo que podemos llamar "pallá" y otro que viene siendo "pacá". Lamento el tecnicismo, pero los corredores de élite es lo que tenemos, perdemos conciencia de la realidad, tan ensimismados andamos en lo nuestro.

Hoy sólo he podido recorrer el tramo "pallá". Ha sido el caso que cuando empezaba mi sesión de estiramientos previa a la carrera continua lenta (CCL en la jerga) he levantado mi pierna (extremidad inferior) derecha (la que no es la zurda) y un ponientazo (viento de poniente) brutal y homicida me ha colocado la rodilla a la altura de la cerviz, también conocida como testuz en ciertos mamíferos. Así de pronto me ha hecho gracia, salvo por el crujido involuntario del páncreas. No, no ha sido nada.

Al verme en semejante trance he girado unos grados para que el mismo temporalazo me ayudase a deshacer el movimiento, pero el cortavientos se me ha desplazado hacia arriba y me ha tapado la cara, momento en que se ha roto la malla corta marca Zunziu que compré donde Huän la otra tarde y se me ha salido el glúteo derecho. He conseguido apoyarme en el banco, pero al levantar la pierna izquierda del suelo y apoyar el medio culo al aire en el frío hierro forjado se me ha girado el organismo de la misma impresión y el cortavientos traidor se ha vuelto a aliar con eolo (hijo de Hípotes, el capullo) y ha hecho de vela, con lo que me he visto arrastrado por la arena como un forajido del oeste salvaje pero sin caballo ni nada.

Y he despegado.

He tenido una visión fugaz y extracorporea de mi aventura: todos los vecinos asomados a las ventanas muertos de risa, mi perra tumbada en la terraza del Temple Bar coqueteando con el barítono maño que me arrojó la otra tarde la primera pianola y mis hijos asegurando que no me conocían de nada al ser entrevistados por CMM Pus.

Menos mal que las gaviotas se han hecho a un lado y he esquivado el acantilado; en el emepetrés se ha sintonizado automáticamente la frecuencia del aeropuerto de Málaga-LEMG. Una voz profesional y metálica me ha asignado pista, finger y un follow-me, preguntándome dónde había comprado el cortavientos.

EN LOS CHINOOOOOOOOOOOOSSSSSSSSSSSSSSS!!!!!.

Salgo en el telediario de las 9.

Over

miércoles, 21 de enero de 2009

La música y la carrera

Foto propia que, como es habitual, no tiene que ver con el tema.


Uno lleva, a fuer de ser original, un emepetres cuando sale a dar patadas al suelo playero invernal que le limita por el sur con el Mar Mediterráneo.

Uno tiene costumbres, como las mulas, pero un poco más caras.

Una de las costumbres que tiene este animal de idems es tener lleno el depósito del emepetres y dejar que se reproduzcan las cancioncillas de modo aleatorio-cósmico-altuntun, lo cual puede explicar, ahora que lo pienso, mi errática manera de zancar por ahí en desorden y desconcierto; de tal forma que si Pasión Vega se pone con Serrat a piropear a Lucía, se me bajan los pulsos de la sangre y los dedos corazón me arrastran por la playa con lo que consigo dejar la misma huella en la arena que C3PO; si la banda sonora de Titanic arranca por bulerías, me da por correr como si el iceberg me persiguiera no teniendo otra ocurrencia que impactar contra un vecino malagueño currante y normal, yo me salvo, yo me salvo, pienso gilipollizado por la tonadilla; si entra de repente Iron Maiden yo no sé si ir o venir porque la Luftwaffe me ataca por todos lados, se lía una ensaladilla de tiros entre Dover y Calais y todo me parece peligrosísimo y belicoso con Churchill peleando en tanga en los campos, las playas y una piscina de barro hawaiano, soy en este caso una gallinacea descerebrada de aquí para allá, dándose el caso de que en cierta ocasión un señor oriundo de Bantung, pero criado en Oslo capital, me pidió un autógrafo. En la ignorancia exacta de mi mérito, se lo firmé.

Pero lo de esta tarde ha sido pabernosmatao. En mi circuito habitual hay dos o tres desagües de arroyos a la playa, suelen estar secos, alguno tiene la altura de una persona y por la noche son oscuros túneles sin fondo que suelo pasar con un rabillo de ojo avizor y un resquemor en la cerviz. Y hoy ha ocurrido lo que tenía que pasar. Unos metros antes de llegar al túnel más oscuro ha entrado la banda sonora de El Exorcista: la niña, el cura, el callejón, el túnel, los auriculares con patilla que no puedo quitarme con los guantes, pierdo un paso, pierdo el ritmo, la música, la farola que vierte sus fotones como criaturas oscurecidas vomitadas por el diablo, olor a azufre, a macho cabrío, tantintantintantin, qué tonteria tú, mira que si..., no qué va... , ... a tomar por saco.

Me he dado la vuelta.

Un sinvivir esto de la música aleatoria. Voy a tener que organizarme o me dará un patatús. Y es que uno es influenciable, la música me altera el ánimo.

Qué le vamos a hacer.

lunes, 19 de enero de 2009

La vida es un tebeo




Esta tarde mientras arrastraba mi concha por la playa - cuatro kilómetros - me he fijado en la cantidad de perros que acompañan a sus amos en sus correrías allegro vivaces. Como quiera que yo mismo soy limpiador de cacas de una perra que me posee y sé que disfruta mucho saliendo a pasear, he pensado una maldad: a lo mejor le apetecería acompañarme cuando salgo a correr.

Dicho y hecho, cuando he llegado a casa después de la liturgia de estiramientos, de soportar al gilipollas que te dice " vas a tirar la farola ", de hacer unos abdominales y todas esas cosas que recomiendan los maestros, he subido a por mi perra. La llamo, sale de debajo de su manta especial de ver la tele en el sillón reclinable que se ha adjudicado como propio y, tras desperezarse indolente, me ha mirado como la Reina de Corazones miraba a sus súbditos en día de cabeza al ras-tajo-pum y finalmente se ha dignado aceptar mi compañía hasta la calle.

Vestida de sport: correa trenzada, collar divino-chachi-plus cosa de la pija de mi hija, mi perra ha mirado con desaprobación evidente mis mallas cortas, el cortavientos y las Assissssccccc (nunca aprenderé a escribir esa marca) y se ha olido lo peor aunque no ha dado muestra alguna de preocupación. Una vez en la zona de sus cositas ha levantado el hocico indicándome que no mirase, ha aprovechado para descargar unos preciosos residuos orgánicos que yo he recogido diligente y servilmente y ha dado dos pasos decididos hacia casa en la certeza de que volvía inmediatamente a quitarme el sitio en mi sillón favorito.

JIJIJIJIJIJIJI (esa estúpida risa de malvado en Superagente86)

- Hoy no, marquesa, hoy toca sufrir.

HAHHAHAHAHAHAHAHAHA (ecos, truenos, flashes, susto).

Ha sido una especie de duelo de miradas. Yo trataba de parecer un tipo con carácter, ella una matahari perruna, decidida a morir defendiendo su papel de señorona.

Cuando he tirado de la correa con la intención de que me acompañase unos cientos de metros corriendo ha tomado dos posturas en rápida sucesión, la primera ha sido pegar el culo en el suelo con tal determinación que creo haber oído un efecto succión de difícil y muy escatológica explicación; ante mi insistencia, se ha tumbado sobre el costado derecho en pose Marilin Monrou y mirada de "lo tienes claro, humano".

Primeras miradas de la concurrencia, primeros comentarios.

El del segundo, que debe vivir en la terraza, el hideputa, grita: a esa perra tuya no la metas en tus payasadas, probecilla.

Claro, con los gritos, se asoma Matilde: ¿qué le está haciendo a la perra? ¿Ya le has pegado? MANOOOOOLOOOOOOOOOO!!!! Llama a los "sivileh".

Empiezo a dudar, miro a la perra, que sintiéndose apoyada, empieza a gemir cada vez más fuerte, como si la estuvieran matando.

- Yo, yo, yo. Vamos bonita, vamos a casa.

Mirada canino femenina de "te vas a enterar ahora".

Desde la taberna irlandesa la tuna de económicas de Zaragoza en viaje de estudios sale cargada de birras e instrumentos pesados e, intuyo, contundentes. Me miran con profundo desprecio.

Me acojono.

- Diiigooooooo, la palisssa que le ejtaba pegando ar probe animá!!!!!!

¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?

Cojo a la perra en brazos y salgo pitando hacia el portal.

Al cerrarse la puerta se han estampado contra el cristal tres litronas, una imagen de la Virgen del Pilar en bronce de treinta kilos, un laúd y dos pianolas marca Fontana.

¿O eran tres?.