viernes, 30 de octubre de 2009

Fartlek, los progresos y la endorfina.




Treinta grados casi en noviembre, uno tiende a sentirse un glaciar menguante cuando sale a correr en estas fechas con tanto calor. Un circuito improvisado con tres superficies diferentes, un par de cuestas que merecerían una escalera, una pista de atletismo de la que sólo usamos doscientos metros, una zona marcada previamente para hacer una explosión de velocidad donde nos jugamos las cervezas y sudor, mucho sudor.

El fartlek es mucho más complicado que eso, lo sé; pero nos hemos montado un espectáculo improvisado esta mañana y hemos terminado fundidos pero contentos; a lo lejos veíamos a las liebres; nosotros íbamos a nuestro ritmo: ese que nos permite hablar (poquito) pero que nos deja satisfechos, sin sentir el aliento de la muerte en la nuca.

Estoy ahora sentado en esta ventana azul recordando la paliza de esta mañana y tengo que reconocer que ha sido muy agradable. Cincuenta minutos, dos litros de sudor y la recompensa de un puente en la playa. Correr en buena compañía hace más interesante la cosa, como en todo, claro.

Cuando venía hacia Málaga en el coche, en compañía de las endorfinas, Serrat me cantaba a Machado y Clapton se preguntaba si todo sería igual si encontrase a su ángel en el cielo. Bach esta vez ha quedado en sexta posición del reproductor porque experimento un cierto cosquilleo al entrar en el garaje, subir el volumen y dejar que se expanda por ese espacio gris y amarillo rebotando por las paredes, suena tan bien que parece una iglesia románica el jodido garaje. Mi perra lo oye y me espera en la puerta como si yo acabara de llegar de explorar el Polo Sur y sus barrios aledaños.

Mañana por la mañana carrera por la playa y baño para dejar las piernas a punto. Echo de menos correr junto al mar desde que empecé mi etapa eMaginari@.

Pasadlo bien.

viernes, 23 de octubre de 2009

El deporte y yo.



No, el de la foto no soy yo. Aunque reconozco que la postura es de mis preferidas, la tomé en la biblioteca pública de los nuevayores este verano y como no se me ocurría otra y no tengo tiempo para hacer fotos desde que estoy en e-Magin@, tiro de archivo, como en la tele.

Esta mañana me he unido a un grupo de salvajes con la intención de hacer una carrerita saludable, intercambiar técnicas de estiramiento y compartir experiencias.

Casi me matan.

Tengo dolores intermitentes con espasmos dispersos por el tercio meridional, precipitaciones y desprendimientos entretelares y alerta roja por agujetas en el píloro.

Claro, cuando está acostumbrado a correr en compañía de nadie va a su aire, literalmente; que te falta el aire, pues aflojas, que te sobra, tiras un poquito más. La técnica de la goma elástica la llamo yo. Musiquita, miraditas al paisaje, a las nubecillas, lo normal. El problema viene cuando oyes la frase: "vente con nosotros mañana, vamos a ir tranquilos, un trotecillo y unos ejercicios" y te oyes a ti mismo diciendo "vale".

La gente miente. Es un hecho. Lo que uno nunca puede llegar a imaginar es que sean unos psicópatas asesinos en zapas y mallitas del Decatfour.

Trotecillo, sin estirar ni nada. Bueno, vale. Cuesta abajo, estupendo. Llaneo, aceleración, gravedad, vergüenza, anoxia, ausencia de saliva, estruendos cardíacos en zonas tan alejadas del miocardio como las sienes, el hígado, los riñones y una plantilla devorolor.

¿Se puede correr y hablar al mismo tiempo? Sí, sí, sí. Estos pueden, los cabrones, como si nada.

Si yo contestaba SSSSS y NNNNN porque se me habían caído las vocales en un "tironcito para este repecho".

He encargado e-Pay una docena de muñecos de budú.

Les odio.

martes, 13 de octubre de 2009

Llegó caminando...




... por un sendero de agua, en la playa estábamos mi perra, un señor de Cuenca que hacía fotos con una cámara de cartón y yo. Pasaron dos corriendo, pero no se fijaban en la luna.

Cuando llegó a la orilla el conquense se había desmayado, mi perra había hecho un agujero en el suelo y sólo mostraba sus cuartos traseros, yo trataba de hacerle una foto que me sirviera de elemento probatorio en el previsible juicio que determinaría mi capacidad mental intrínseca y material para gestionar mis deudas, las facturas y la educación de los niños.

A ver cómo explico yo esta visión extraordinaria y sin par, pensé.

El caminante vino directo hacia mí y me preguntó con un acento y dos tildes indeterminadas si podía comprar batata en alguna parte. Iba vestido con una especie de túnica blanca de luna, llevaba un collar de corales fluorescentes y un sombrero de copa con intermitentes ambarinos.

De entre todas las opciones posibles opté por perder el conocimiento. Me desmayé.

Cuando recuperé los pulsos de la sangre estaba arrodillado a mi lado poniéndome en las narices un frasco de sal iodada que olía a excremento de medusa y a sobaco de delfín acróbata du Cirque du Selene, olores ambos que conozco bien por ser socio del Círculo Cuadrado de Olores, Excrecencias y Misterios desde la tierna edad del pan bimbo.

Miré a mi alrededor y el de Cuenca ya no estaba, traidor. Mi perra hacía gestos hacia el aparecido en plan, vaya mierda de amo que se desmaya por cualquier cosa y ya le hacía carantoñas, por si acaso, me temo. Así que allí estábamos, el nuevo, mi perra y yo.

- Le preguntaba, desmayadizo amigo, que si puedo comprar batatas en algún lugar de esta playa.

- Pues verás, es que aquí somos más de sardinas y bocatas, si bien tenemos cierta y esporádica tendencia a la pizzería con sus calzones, raviolis y panes de ajo.

- No comprendo bien su lengua. Podría indicarme por gestos o señas lo que me quiere decir.

- Lo cierto es que yo por señas no sé decir ni batata ni casi nada comestible, con lo cual me resultaría muy difícil hacerme comprender. Además siempre que hablo por señas me confunden, piensan que soy griego o zulú.

- Claro.

- Claro.

- Pues nada, si usted no sabe decir batata por señas y yo no sé decir batata en su idioma esta conversación carece de sentido.

- Me temo.

- Cierto.

- ¿Y para qué quiere usted batata aunque no sepamos decir la palabra en lenguaje alguno?. Es más, extiendo el sentido de mi pregunta, si me permites, ¿para qué querría batata una criatura que camina por las luces lunares sobre las olas y asusta a las personas?.

- Un antojo.

- Ya.

- Sólo queda despedirnos.

- Pues que tengas una buena noche.

- Pues sí.

La perra, al volver a casa, hizo tres saltos mortales hacia atrás y dos y medio con tirabuzón para explicar al resto de la familia lo acontecido en su perra salida nocturna. Le dieron un regalito en forma de hueso, puso cara de malas pulgas y se durmió en mi sillón.

Yo dije que había conocido a un señor de Cuenca muy simpático y hecho una foto mediocre y media.

Lo normal, vamos.

jueves, 1 de octubre de 2009

Más frutas, más



Ayer iba yo corriendo por uno de estos cerros y veía a mis pies el valle del río grande de Andalucía retorcerse entre árboles en formación geométrica y oleosa; era el paisaje como sacado de un cuadro con ciervo y flamenca, con la sierra como telón invitado y las altas nubes blancas dando lustre y esplendor. Entre visión y mirada me acordé del libro que me prestó Jose: Las armas y las letras, de Andrés Trapiello y me puse un post-it en el cerebro escrito con el rotulador amarillo de Snoopy para acordarme de buscar más obras de este hombre. Cuando coronaba la cuesta de las punzadas dolorosas me crucé con Nean Dertalis, una criatura con la que he compartido algún rato como parte de mi integración temporal en la zona, él me hizo un comentario gracioso y yo le respondí con un gruñido agónico como corresponde a mi condición de cuarentón nicotinizado y lento ascendiendo al calvario de la forma física y la esbeltez.

Es Nean Dertalis un especimen curioso. Musculoso hasta el agobio, suele vestir con ropas imposibles, comprimidas y exiguas que le permiten mostrar al género femenino, y sospecho que también a todos los demás, una musculatura redundante, masiva y encorsetadora. Es su caminar vacilante y ostentoso, de tal forma que necesita dos aceras para mostrarse en todo su esplendor.

Tiene la criatura un don: la mirada fija. Y es la cosa que cuando tiene frente a sí a una mujer que le resulta sexualmente atractiva, esto es, todas menos su madre, se las queda mirando fijamente, empequeñece levemente sus ya menguados ojuelos y toma aliento para aumentar dos tallas su capacidad torácica de mula parda de lomos triangulares. Le he visto hacerlo con una de las camareras de "El Repollo Feroz" con el resultado de que la chica rubia de la cofia colorida se pone colorada, traspasada por las agujas obscenas de tanta dedicación explícita y dosrombera. Vamos que se la come con los ojos y ella se pone colorada como en la copla.

Yo no puedo dejar de pasarlo bien con este tío aunque a veces, debo confesarlo, le encuentro un poco patético y perdido, especialmente cuando me aburre con sus hazañas de cama, fregadero y repeticiones atléticas en compañía de otras.

Hoy, al terminar las clases, he salido corriendo sin ropa de tal para refugiarme en la ventana azul. Y es que me he propuesto conocer a personas aquí como misión principal pero todo tiene un límite y esta tarde me apetece estar solo en casa con Trapiello, el naufragio del 98 y el terremoto de los del 27.

Tengo que acordarme de contar la conversación de esta madrugada cerca de la frutería de la calle de los Azulejos.

Me pondré otro post-it en el encéfalo.