martes, 13 de octubre de 2009

Llegó caminando...




... por un sendero de agua, en la playa estábamos mi perra, un señor de Cuenca que hacía fotos con una cámara de cartón y yo. Pasaron dos corriendo, pero no se fijaban en la luna.

Cuando llegó a la orilla el conquense se había desmayado, mi perra había hecho un agujero en el suelo y sólo mostraba sus cuartos traseros, yo trataba de hacerle una foto que me sirviera de elemento probatorio en el previsible juicio que determinaría mi capacidad mental intrínseca y material para gestionar mis deudas, las facturas y la educación de los niños.

A ver cómo explico yo esta visión extraordinaria y sin par, pensé.

El caminante vino directo hacia mí y me preguntó con un acento y dos tildes indeterminadas si podía comprar batata en alguna parte. Iba vestido con una especie de túnica blanca de luna, llevaba un collar de corales fluorescentes y un sombrero de copa con intermitentes ambarinos.

De entre todas las opciones posibles opté por perder el conocimiento. Me desmayé.

Cuando recuperé los pulsos de la sangre estaba arrodillado a mi lado poniéndome en las narices un frasco de sal iodada que olía a excremento de medusa y a sobaco de delfín acróbata du Cirque du Selene, olores ambos que conozco bien por ser socio del Círculo Cuadrado de Olores, Excrecencias y Misterios desde la tierna edad del pan bimbo.

Miré a mi alrededor y el de Cuenca ya no estaba, traidor. Mi perra hacía gestos hacia el aparecido en plan, vaya mierda de amo que se desmaya por cualquier cosa y ya le hacía carantoñas, por si acaso, me temo. Así que allí estábamos, el nuevo, mi perra y yo.

- Le preguntaba, desmayadizo amigo, que si puedo comprar batatas en algún lugar de esta playa.

- Pues verás, es que aquí somos más de sardinas y bocatas, si bien tenemos cierta y esporádica tendencia a la pizzería con sus calzones, raviolis y panes de ajo.

- No comprendo bien su lengua. Podría indicarme por gestos o señas lo que me quiere decir.

- Lo cierto es que yo por señas no sé decir ni batata ni casi nada comestible, con lo cual me resultaría muy difícil hacerme comprender. Además siempre que hablo por señas me confunden, piensan que soy griego o zulú.

- Claro.

- Claro.

- Pues nada, si usted no sabe decir batata por señas y yo no sé decir batata en su idioma esta conversación carece de sentido.

- Me temo.

- Cierto.

- ¿Y para qué quiere usted batata aunque no sepamos decir la palabra en lenguaje alguno?. Es más, extiendo el sentido de mi pregunta, si me permites, ¿para qué querría batata una criatura que camina por las luces lunares sobre las olas y asusta a las personas?.

- Un antojo.

- Ya.

- Sólo queda despedirnos.

- Pues que tengas una buena noche.

- Pues sí.

La perra, al volver a casa, hizo tres saltos mortales hacia atrás y dos y medio con tirabuzón para explicar al resto de la familia lo acontecido en su perra salida nocturna. Le dieron un regalito en forma de hueso, puso cara de malas pulgas y se durmió en mi sillón.

Yo dije que había conocido a un señor de Cuenca muy simpático y hecho una foto mediocre y media.

Lo normal, vamos.

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