
Ayer iba yo corriendo por uno de estos cerros y veía a mis pies el valle del río grande de Andalucía retorcerse entre árboles en formación geométrica y oleosa; era el paisaje como sacado de un cuadro con ciervo y flamenca, con la sierra como telón invitado y las altas nubes blancas dando lustre y esplendor. Entre visión y mirada me acordé del libro que me prestó Jose: Las armas y las letras, de Andrés Trapiello y me puse un post-it en el cerebro escrito con el rotulador amarillo de Snoopy para acordarme de buscar más obras de este hombre. Cuando coronaba la cuesta de las punzadas dolorosas me crucé con Nean Dertalis, una criatura con la que he compartido algún rato como parte de mi integración temporal en la zona, él me hizo un comentario gracioso y yo le respondí con un gruñido agónico como corresponde a mi condición de cuarentón nicotinizado y lento ascendiendo al calvario de la forma física y la esbeltez.
Es Nean Dertalis un especimen curioso. Musculoso hasta el agobio, suele vestir con ropas imposibles, comprimidas y exiguas que le permiten mostrar al género femenino, y sospecho que también a todos los demás, una musculatura redundante, masiva y encorsetadora. Es su caminar vacilante y ostentoso, de tal forma que necesita dos aceras para mostrarse en todo su esplendor.
Tiene la criatura un don: la mirada fija. Y es la cosa que cuando tiene frente a sí a una mujer que le resulta sexualmente atractiva, esto es, todas menos su madre, se las queda mirando fijamente, empequeñece levemente sus ya menguados ojuelos y toma aliento para aumentar dos tallas su capacidad torácica de mula parda de lomos triangulares. Le he visto hacerlo con una de las camareras de "El Repollo Feroz" con el resultado de que la chica rubia de la cofia colorida se pone colorada, traspasada por las agujas obscenas de tanta dedicación explícita y dosrombera. Vamos que se la come con los ojos y ella se pone colorada como en la copla.
Yo no puedo dejar de pasarlo bien con este tío aunque a veces, debo confesarlo, le encuentro un poco patético y perdido, especialmente cuando me aburre con sus hazañas de cama, fregadero y repeticiones atléticas en compañía de otras.
Hoy, al terminar las clases, he salido corriendo sin ropa de tal para refugiarme en la ventana azul. Y es que me he propuesto conocer a personas aquí como misión principal pero todo tiene un límite y esta tarde me apetece estar solo en casa con Trapiello, el naufragio del 98 y el terremoto de los del 27.
Tengo que acordarme de contar la conversación de esta madrugada cerca de la frutería de la calle de los Azulejos.
Me pondré otro post-it en el encéfalo.
1 comentario:
A veces es un poco moralín de los bosques pero el Sr.Cuenca, Panero y él seguramente sean los tres únicos poetas de hoy.
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