viernes, 29 de mayo de 2009

Extraña seducción.


Cuando paso por las tardesnoches corriendo bajo su balcón siempre la saludo, es una formalidad que cuido mucho, está tan joven, parece tan real entre los setos, con esa pose de medio lado y la sonrisa un poco tristona.

A veces cuando llego a su casa ya voy un poco cansado pero hago un esfuerzo para erguir la columna, doy un poco más de ritmo a mis piernas intentando parecer un corredor veterano en lugar del voluntarioso aficionado de avance cansino y retos mínimos que usa el cronómetro para calcular cuándo se pondrá el sol en vez de para contabilizar mejores marcas o fantásticas evoluciones atléticas.

Me influye, me anima y me gusta pensar que formo parte de sus tardes, que espera verme aparecer torpón y desastrado pero siempre queriendo impresionarla; y ella me mira atenta, aparentando sorpresa y azoro, me sigue en ese juego repetido de los niños con las niñas que nunca se termina de acabar por mucho que nos hagamos mayores.

Marilyn siempre está ahí, no la despeinan levantes ni ponientes, nunca se enfada ni se altera, ella siempre tan compuesta, ajena a cuanto la rodea, reinona majestuosa y encerrada en su marco de madera y cristal.

Ella está siempre ahí y yo imagino que me espera cada tarde para ayudarme a correr un minuto más.

Y, claro, tuve que volver para meterla en los cristales mágicos.

4 comentarios:

Unknown dijo...

A pesar de que últimamente comento poco, tengo que decir que me sigue entusiasmando leer tu blog cuando describes historias o sensaciones.

Un abrazo Fer

Kal dijo...

Carlos te deseo mucha suerte en tu "mudanza" a UK. Este verano espero darme alguna carrerita por lugares de NYC que conoces bien, ya te contaré.

Eres muy amable, amigo.

Santi Palillo dijo...

Esta forma de animarse bien pudiera considerarse doping, en cuyo caso no tendría inconveniente en reconocerme culpable.

La foto en grande gana, proponle al vecino que cuelgue una de cuerpo entero.

Izan dijo...

Genial. Un saludo!