He visitado el lugar miles de veces, andando, paseando, solo, en compañía, corriendo y nunca había visto esa mirada.
Este niño tampoco puede salir a jugar, es una versión mística y castiza de Niñoazul. El recuerdo permanente de lo que de bueno tuvimos cuando éramos pequeños.
Una hornacina acristalada, una barca de pescadores entre unas rocas, un reflejo inoportuno, ruido de fondo, un sol vertical de primavera rara, elementos desconectados, casi irreales, adornos flotando y de pronto caes en la cuenta: la mirada del niño está nítida entre tanto caos.
A veces tú eliges la foto, otras, la foto te elige a ti.

3 comentarios:
Preciosa foto amigo. Un abrazo
Durante años la imagineria religiosa ha sido califada como subarte, a pesar de que muchas veces parecen dotadas de vida. Gran foto
es verdad, esta nitida... es un poco impresionante....
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