Series y cuestas, lo he aprendido en vuestros blogs, en las lecturas y webs que me recomendáis, en las amables recomendaciones que habéis dejado aquí. Tenía claro que debía plantearme, en algún momento, dar el salto cualitativo introduciendo en mis entrenamientos semanales alguna sesión conteniendo estos nuevos elementos; pero esperaba que fuera más adelante y de una forma más contenida.
No sabía que mis primeras cuestas y pendientes iban a tener lugar tan lejos de casa y bajo la nieve. Sorpresas te da la vida.
Es un camino de arena de río y grava prensadas, apenas es posible encontrar un tramo nivelado en los cuatro mil metros de recorrido.
¿Cuestas, pendientes?. Una detrás de otra revolviéndose a uno y otro lado en dirección general norte-sur por el valle.
El aire frío, las agujas de la nieve en la frente, en la cara; los árboles, los jirones de una nube que vienen del norte, bancos de niebla, silencios al compás de las ramas. El eco de unos cascos lejanos, las Mizuno naranja y blanco que aún tienen restos de arena de playa del domingo; la respiración entrecortada, no hay ritmo en estos toboganes, aceleras, frenas, subes, bajas, el eco de unos cascos acercándose, miro hacia atrás y no hay ningún caballo; esquivo una rama, agacho la cabeza, desde muy abajo en el diafragma el esfuerzo envía otro gemido.
Vamos!!!!Hasta arriba!!!!! No vas a parar a andar ahora.
Y al coronar, un paisaje nuevo, un pueblo allá abajo a la derecha, humos de cocinas y de chimeneas, el eco de los cascos, el sonido metálico de unos estribos, miro hacia atrás y la niebla me está envolviendo. Saltan terrones, guijarros, pedazos de hierba, me aparto, es un sargento de húsares, me grita en francés mientras me atraviesa, doy un salto lateral inútil, las crines y la cola apenas entrevistas, la mancha negra enorme, los destellos de las armas, los adornos, la espalda encorvada, no puede ser.
No puede ser. El corazón se me sale del pecho.
La imaginación, los libros, las historias de estos caminos, las tradiciones, las leyendas, el recodo donde fue atacada una patrulla francesa, donde un bandolero asaltó un carruaje, la roca donde, tal vez, Moore descansó aquella madrugada camino del mar.
Sigo corriendo, me he propuesto llegar hasta el final, me duelen las pantorrillas, el aire helado se clava al llegar al fondo de los pulmones, imagino alveolos irritados, la sangre enfriándose, calentándose en aquellos oscuros capilares vitales y recónditos donde el milagro del oxígeno se reproduce. La garganta reseca, la lengua buscando la nieve.
¿Me estaré haciendo adicto a la carrera? ¿Me habré librado del tabaco para caer en otra adicción?
Bajar no es ninguna broma, hay músculos que hasta ahora no habías sentido, dolores nuevos, esfuerzos que estaban esperando ser realizados. La bajada es una falsa ilusión de descanso, una liberación ficticia, un paraíso vano. Veo allí abajo una curva a la izquierda y un arroyo, un roble enorme, una valla de piedras sin cimentar, pizarras y granitos, mohos, setas, hojas grises, marrones, algunas azuladas; amarillos y ocres. Resbalo, ruedan cantos, saltan partículas que se estrellan contra mis piernas; el equilibrio precario, los ojos irritados, las lágrimas heladas enjugadas de un manotazo, necesito no caer aquí, entre estas piedras afiladas y resbaladizas.
Crujidos, quejidos metálicos, choque de cueros, madera y piedras, un carruaje, cuatro bayos al trote, un cochero de librea verde, el sombrero sujeto por una bufanda encarnada, el sello imperial en una puerta, la N dorada, una escolta a caballo, doce sombreros de piel, cejas heladas, mostachos, aros en la orejas, sombríos y amenazadores los Cazadores de La Guardia pasan de largo, camino de Astorga, tal vez. Estruendo menguante. Trato de no perderles de vista; la niebla, mis pasos no pueden contra el viento que la arrastra. La realidad va y viene. Va y viene.
Y el final de la pendiente es el inicio de la cuesta siguiente.
No puedo parar. Esto es demasiado bueno.
10 comentarios:
Ya verás qué mejoras vas a encontrar en un próximo futuro. Fíjate que yo no daba un duro por la media de Granada y batí mi récord. Lo de correr por la nieve, un gustazo que no está a las manos de cualquiera. Saludos.
Correr por la montaña es un gustazo, veo que lo has descubierto. Enhorabuena.
Que chulada de sitio, aunque tenga cuestas...jajaja saludos.
Sensaciones, sensaciones, sensaciones... qué bonito es salir a correr y que te invadan esas sensaciones distintas a cada metro del camino. Que sigas disfrutando cada días más de tus carreras.
Saludos.
Cuidado!!! La rebelión de los osos pardos en Iberia está en marcha
Pero Kal, si empiezas ya con las cuestas, ¿qué vas a querer cuando seas mayor? ¡Tás quemando etapas, sábelo!
Mami Correora
Las cosas no siempre salen como se las planea, al menos en mi vida. No esperaba hacer cuestas aún, pero es que en este sitio no hay otra cosa.
Ahora os pondré una foto.
Gracias por venir.
En cuanto empieces a llamar gemelos a lo que ahora solamente te parecen pantorrillas... ¡estarás pillado para siempre!.
Qué manera tan bonita de describir las cuestas, casi me he sentido perseguido por la tropa.
Hoy me voy a Biescas y tomaré ejemplo de tus progresos.
Entre pitos y flautas, siempre por trabajo, hace que no corro que ni me acuerdo...
La montaña es el mejor sitio para empezar, aunque duela más...
Enhorabuena, Fernando
Sí, bueno, eso de la anatomía aún no lo domino mucho. Gracias por el cumplido Santi.
Angel me estoy acojonando, esto del trote engancha, ¿dónde iremos a parar?
Publicar un comentario