
Yo creo que estuvo a punto de preguntarlo. ¿Se encuentra usted bien joven?, seguro que en el último momento, cuando el aire ya se dirigía hacia sus cuerdas vocales y éstas estaban a punto de modular la pregunta nuestras miradas se cruzaron. Entonces debieron sonar todas las alarmas en el cerebro del anciano samaritano, rectificó, carraspeó tragándose las palabras y siguió su camino. ¿Qué vería en mi ojos? Tal vez le parecieron los de un tipo desquiciado. Quizás los de un suicida torpe, inhábil.
No, no había yo coronado una cuesta demoledora, no habían mis piernas escalado un farallón imposible o vencido una carrera popular maratoniana y concurridísima. La verdad es que acababa de salir de mi casa, girado a la izquierda, mirado a ambos lados como si acabase de robar una gallina e iniciado un trote torpón pero voluntarioso a la caza de mi yo esbelto y atlético. Íbamos mis kilos de más y yo aquella tarde vestiditos para la ocasión, con mis pantaloncitos cortos, mis Nike Air de siete años, camiseta obrera sin especializar, y unos calcetines Markadiyou de a euro la docena; hecho un primor, vamos.
Y la verdad es que la cosa no fue mal del todo, al principio. Los primeros cinco metros muy bien, las sensaciones geniales, las pulsaciones no sé porque no me preocupaba entonces de esas minucias y la postura digna, aerodinámica y estupenda. Vamos, que todo bien.
Los siguientes diez metros, sin problemas. Observaba de reojo a los viandantes que, sin duda, seguían mis gráciles evoluciones atléticas.
Al llegar al metro treinta y dos, creo que fue, empecé a notar un calor proveniente de algún punto indeterminado de las entrañas mías, talmente creí que me había enamorado pero como no conseguía identificar criatura en los alrededores que justificase tal efusión sentimental, me quedé sin saber muy bien cuál podría ser el objeto de tanto sofoco por cuanto me faltan unos años para la menopausia y además soy varón por nacimiento, deneí, usos y costumbres.
En el metro cincuenta llegué al muro. Sí, había leído que estas cosas pasan. Incluso en las mejores familias de corredores se han documentado casos de mazazo, pajarraca, muro, desplome y cortocircuito con fallo masivo del sistema; pero decidí que un tío bragado como yo podía sufrir un poquito en pos de la gloria olímpica y el cambio de vida, que nada tiene que ver con la crisis de los cuarenta. ¿Yo crisis? Amos anda!!.
Entre el metro sesenta y el ciento treinta empecé a sentir dolores en puntos tan distantes como la espalda (arriba, abajo, en el centro y a los lados), las rodillas (x2), las pantorillas, las espinillas, los testiculillos ambos y sus ingles anexas, el pecho, la cédula de habitabilidad y un diente de leche que guarda mi madre; sentía punzadas, desgarros, apretones, descomposiciones y fallos orgánicos múltiples graves y jodidos amén de otros síntomas que no identifiqué en ese momento porque sólo podía ver una gran cortina roja de tul con volantes sobre la que se proyectaba "My Life", con aparición estelar de mi primera comunión, una merienda con mis abuelos en 1.973, y como actores invitados todos mis compañeros de todos aquellos colegios de la infancia y hasta un donut de chocolate que se comió un perro que tuve, pero lo que más me marcó fue una luz blanca en un túnel sereno del que salía una voz que decía con mucho empaque y profundidad: "VEN VEN VEN".
No recuerdo más. Sé que volví al mundo de los vivos en el banco que hay a ciento cincuenta metros de mi casa según se mira la playa a la derecha y que un señor mayor me miraba con cara de mucha preocupación y desaliento.
- Estoy bien, estoy bien. Y la voz salía de mi garganta como un hilillo infantil femenino.
Lo que el anciano había visto derrumbarse en aquel banco era un muñeco desmadejado, un espantapájaros metálico de oxidadas articulaciones y resortes desvencijados. Lo que el buen hombre había visto era el cuarentón que soy después de mi primer intento de iniciar mi camino hacia el olimpo del bienestar, era testigo de mi primer intento, tras abandonar el tabaco, de convertirme en otra persona.
Me sentí mal. Me asusté. Añoré los años en que correr era un juego y no podía creer en qué me había convertido, lo que había hecho con mi cuerpo.
Cuando conseguí recuperar mi aliento, levantarme y volver, completamente abatido a mi casa, había tomado una decisión.
Así fue, más o menos, el primer día que salí a correr, según lo recuerdo.
De eso hace unos siete meses.
7 comentarios:
Amigo, no me cansaré de darte la enhorabuena por el giro que has dado... pero te advierto, ahora has perdido la inocencia con esta carrera que nos has contado. Ahora sabes la verdad, corriendo se puede vivir mejor. Un abrazo.
Fernando ante todo felicitarte por semejante entrada, ¡¡Dios que manera tan buena de relatar tu primer día de pataleo!! de verdad ¡¡genial!!.
Sigues así..ya estoy enganchado a tu blog amigo....
Saludos y a seguir corriendo
Jose, lo estoy pasando en grande. Espero tener suerte con las lesiones. Como te decía esta mañana voy poco a poco y así pienso seguir mucho tiempo.
Paco. Eres muy generoso, gracias por tu presencia y tu ejemplo. Afortunadamente, gracias al entrenamiento, ahora las cosas están mucho mejor en mis piernas y en la caja de cambios. Pero no quiero adelantar acontecimientos....
Tiene que ser duro echar a correr y tener que ir contando metros,das bien a entender lo que consume por dentro el tabaco,ENHORABUENA POR DEJARLO y bienvenido al club de los atletas,ya iremos sabiendo en que nivel te encuentras ahora,un saludo.
David la verdad es que fue un auténtico mazazo darme cuenta de lo bajo que había caído en mi forma física. En cuanto a mi nivel actual... todo a su tiempo; pero digamos que no creo que acuda a los próximos mundiales de atletismo. :)
Gracias por venir.
Yo también imaginaba que lo de jadear cruzando hasta el semáforo en rojo era cosa de todos menos de los niños; hasta que fui a una carrerilla de andar y llevar paraguas y todo, y cualquiera llevaba mejor lo de correr que yo.
Ánimo Kal, ya verás tus progresos :)
Correoradelamuerte. Gracias por venir al Sur, me gusta tu blog. Voy a ir dosificando los informes de mis progresos. Trataré de haceros un análisis cachondo de mi caminito hacia la esbeltez. :))
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