lunes, 13 de octubre de 2008

El tiempo amarillo.



Es más una atmósfera que una iluminación. Cuando salgo de madrugada para correr lo primero que siento es el potente olor del mar y, casi inmediatamente, su sabor en la boca. Las farolas del paseo están rematadas por esferas de un tono amarillo anaranjado. Los sonidos de las olas rompiendo, el de mis pisadas y mi respiración son la banda sonora de mis mañanas.

- Perdona que te interrumpa, colega. ¿Tienes un papelillo de fumar?.

- No, no tengo, pero puedo contarte, porque estoy escribiendo un blog, que hace un año me levantaba y solía encender un cigarrillo antes de desayunar. Recuerdo haberme levantado de la cama antes de hora con el único propósito de quitarme el mono. El humo me resultaba imprescindible, relajante, me gustaba sentir el sabor del tabaco bajando por la garganta, expulsarlo lentamente por la nariz. Aquellas nubecitas de humo expirado eran una delicia.

- Estooo, qué bien. Malegro y tal. ¿Y un leuro? ¿Tiés un leuro para un cafelito?

- Pues no, lo lamento. Es que estoy escribiendo en MI blog, sabes, si no te importa...

- Sí, claro, tío, perdona, tú a lo tuyo, dale, dale. Mira, he encontrao un papelillo pegao ar deneí.

Los primeros minutos el cuerpo se queja, una punzada, un tirón, le cuesta entrar en la dinámica de la carrera. Luego entras en lo que Sheehan llama "la segunda marcha". El cuerpo ha entrado en calor, las pulsaciones y la respiración ya han cogido el ritmo. Empiezas a disfrutar, el mar está ahí, al borde mismo de la luz amarillenta, su olor te envuelve...


- ¿Una caladita colega?

- Pues no, no gracias. Mira te voy a contar una cosa que iba a poner en mi blog, porque tengo un blog, por si quieres visitarlo: cuando yo fumaba, el primer cigarro del día era una gozada, la primera calada con los ojos cerrados era la mejor del día, tan placentera como el pitillo que seguía al almuerzo, con los cafés, entre amigos. Sí, también estaban todos esos cigarrillos que no necesitaba, los que no me apetecían, los que eran consecuencia inmediata de un gesto, situación o momento: hablar por teléfono, iniciar una conversación, terminar de comer, la reacción involuntaria ante el mínimo contratiempo: el atasco, el plasta de turno, cualquier chorrada...

- FFFFFFF, qué bueno, se lo he pillao a un tío que conozco de tiempo, sabesh. Afgano, esto es afgano, que yo controlo de esto, sabesh?.

- Verás es que ahora corro, he dejado de fumar, escribo un blog, no sé si te lo he comentado, y es que se da el caso de que trato de estar en armonía con mi yo mismo y tu tú mismo me está tocando lo que vienen siendo los huevos, sin ánimo de ofender. Por favor déjame ya, vete a echar humo por ahí.

- No veh, er colega.

Corro por las mañanas porque estoy completamente solo la mayor parte del recorrido, porque en esos momentos no hay distracciones, me gusta disfrutar mis espacios cotidianos a horas en que nadie los ocupa. Corro de noche en un ejercicio de búsqueda de tiempo, porque puedo pensar sin interferencias, hago planes, escribo en mi camino de arena prensada bajo las luces amarillas las ideas que no quiero que se pierdan, las que creo que valen la pena. Y oigo a mi cuerpo. A mí esto último me habría hecho partirme de risa hace unos meses.


- JAJAJAAAAAAJAAJAJAAAA. Tío, tú eres un cursi de cojones, ¿cómo se te ocurre escribir esas cosas? Se te va a descojonar el personal. Colega. Anda pega una chupadita y verás que guay.

- Que NO, marginado, dicho sea sin ánimo de ofender, por favor déjame con mis sentimientos y mi público virtual y numerosísimo.

- Vale, Jeminguai, vale. No veh ertio comoé.

Yo hacía tiempo que era esclavo del tabaco, de la nicotina y de los cientos de elementos con que manufacturan los cigarrillos. No tenía capacidad de decisión, una multinacional había manipulado mi cuerpo y mi mente para obtener mi dinero y me mantenía en la convicción de que estaba disfrutando del tabaco, ejerciendo una libertad que ya no veía por ninguna parte. Después de veinte años consumiendo, un día dije: basta.


- Juer, colega, tú debiste escribir las canciones de Pimpinela. ¿Y qué quieres que te den una paguita por dejar de fumar?. Estás listo, menudo pringao, habrá que verte medio en pelotas corriendo a oscuras por ahí.

No, no soy un pringado, ni estoy loco. Las seis de la mañana es una hora estupenda para correr. Yo he elegido la hora, he elegido el deporte y tomo mis decisiones sobre el tipo de entrenamiento, su duración, la equipación, el circuito, la intensidad, escucho a mis piernas, valoro el estado de mi corazón y de mis pulmones antes de exigirles un minuto más.

Ahora ejerzo mi capacidad de decidir. He elegido ser raro, vale, raro de cojones, me gusta salir de noche en calzones a la calle para correr cuando no tengo ninguna prisa y nadie me persigue.

Ahora soy libre de elegir, antes no lo era.


- La madre que me parió, menudo coñazo de tío. ¿Y esto quién dices que lo lee, pringao?.

- Que te den. Sin ánimo de ofender.





3 comentarios:

Gregorio Toribio Álvarez dijo...

¡Qué arte que tienes contándolo! Yo ahora soy un fumador social. Antes caía un paquete y medio diario y lo primero que hacía al comenzar la jornada era también fumar un cigarro en ayunas.

Que siga la racha.

Elena dijo...

Espera que salgan informes, y luego estemos todos "quitándonos del running"...

Kal dijo...

Gregorio, yo nunca he podido controlar el consumo de tabaco. Nunca he podido fumar sólo después de comer, o sólo con los amigos, ser un fumador social, como tú dices. El tabaco me domina, por tanto o fumo o lo dejo completamente...

Gracias por tus amables comentarios.

CorreorasinD, Lo malo va a ser cuando nos hagan pagar impuestos extra por correr o nos pongan radares en los circuitos...

Gracias por venir.