martes, 21 de octubre de 2008

Hoy SÍ he salido a correr...




... y estoy la mar de contento, endorfínicamente pedo, colocadísimamente entusiasmado, relajantemente estirado y postcarreríticamente relajado. (Homenaje al amigo Gregorio, inventor de palabros, bloguero de pro y corredor popular).

Las siete AM, como dicen las películas, me he tirado al monte, es un decir. Sí, sí, el rocío salado, el olor, la arenita, qué bonito el mar, lo que ya sabéis de cuando me pongo tontorrón. Todo en su sitio y eso. Sigamos.

Estiramiiiiieeeeeeennnnnttttttooooossssssssssss.

- ¿Seguro que esto es sano? No se ve un carajo. A ver si tanto leer libros sobre carreras últimamente, tanto hablar con corredores, tanto intrenetear planes de entrenamiento y va a ser que estoy haciendo el canelo.

- "El canelo, el canelo, el canelo", dice un eco procedente del fumador que aún comparte carcasa con el corredor.

Uno, dos, uno, dos, un, dos, u go, hu go, hugo boss, hubo boss, hubo cross, subo yo, cuco tos... JODER!!! Ya he perdido la cuenta!!!!. Se me va la pinza.

- Ostras, luego voy a colgar en el blog la historia aquella de la comunidad de vecinos.

- Taluego, Migueeeel!!!! (El que riega los jardines).

Pues eso, que me he acordado de una historieta que conté en otro lugar hace un tiempo, por si alguno tiene un momento y se ríe; allá va:

El otro día fui -predispuesto a perder el tiempo- a una reunión de la comunidad de vecinos. Había entre los asistentes un tipo desconocido para mí, pero que se reveló enseguida como, digamos, peculiar. Hasta ese momento no era más que ese vecino de buenos días-buenas tardes del que no sabes nada. Pues bien, el caballero desconocido estuvo las dos horas y media que duró el espectáculo oyéndose a sí mismo, planteando propuestas absurdas; venía preparado con unas notas que consultaba como si fueran su libro sagrado particular. Hablaba, hablaba y los demás nos mirábamos atónitos. Todas sus iniciativas eran propias de Tip y Coll, tanto que eché de menos mi cuaderno para tomar notas y dedicarle un relatillo. Os aseguro que llegué a mirar al techo buscando una cámara oculta. No me lo podía creer.

En definitiva, después de oírse hasta aburrirnos a todos, haciendo caso omiso a todo lo que argumentábamos los demás, llegó el momento de votar su última y gran propuesta, otra chorrada. Todas las demás habían sido aplastadas por el sentido común en votación mayoritaria a mano alzada con cartoncito SI/NO.

Y entonces ocurrió. Fue algo asombroso. Interrumpiendo de un sillazo los apagados ronquidos del administrador, asustando a la ancianita del 2º-H con su brusco gesto, decidido a dejarse oír por última vez, disparó su último cartucho, levantó como un rayo toda su corpulencia, se giró hacia todos los demás y, desde su posición en primera fila, vociferó:

Ya ehtá bien cohone, ni votacioneh, ni ostiah!!!!!!

Qué gracia me hizo el jodido animal!!!!!. Le salió del alma una mezcla perfecta entre el espíritu de Caín, los Puerto Urraco Boys y los ultras del Fenerbacheturco, todo a una.

Ay!!! El pobre debe pensar que todos somos unos salvajes por no tragar con sus patochadas y, lo peor, hacérselo saber. Puedo imaginar tanto tiempo invertido en la redacción de aquella listita cuidadosamente elaborada, con sus números de orden, conteniendo todas aquellas ideas tan estudiadas en insomnes madrugadas de meditación que estaban siendo rechazadas por una panda de desconocidos conjurados contra él. Llegado el momento no podía consentir que su gran propuesta, la que había reservado para el final como golpe de efecto, su Opus Magna, la Gran Gilipollez, la piedra angular del absurdo, iba a ser pasto de la mayoría becerril, la misma que no había entendido nada de su proyecto de gran comunidad de propietarios, modelo de gestión e iniciativas. Ni de coña.

Ya está bien cojones, ni votaciones ni ostias.

Es genial.

Esta mañana, cuando le he dado los buenos días, me ha respondido amablemente, pero en su mirada me ha parecido ver algo criminal.

- ¿Cómo? ¿Ya?.

Juer, me tengo que ir a trabajar.

Cuatro kilómetros, a siete treinta y seis el kilómetro, esto es: treinta minutos y veintidós segundos de goce. Ni una sola molestia, pero me he reído a solas acordándome de aquella reunión de la comunidad.

Pasadlo bien.

4 comentarios:

Paco dijo...

Oye me ha encantado eso de "compartir carcasa" al fin y al cabo es lo que somos....jajaja.saludos

Paco Montoro dijo...

Y no hay nada peor que esa reuniones, yo gracias a Dios no voy a ninguna ya que vivo en un pueblo, aunque no se si es peor escuchar o leer las cartas del alcalde.
Saludos

Gregorio Toribio Álvarez dijo...

Gracias por la mención. Ya veo que vivís en la Rue del Percebe. ¡Qué peligro pueden llegar a tener algunos vecinos! La metamorfosis que pueden efectuar nos llevan a dudar de si hemos bebido mucho. Me imagino que te costaría correr porque no sólo ejercitabas las piernas sino los músculos del vientre de la risa que te daba. Saludos.

Kal dijo...

Paco es verdad, somos carcasa, cuatro gases, un par de fluidos y dos o tres ideas, ninguna buena. :)

Gracias.

Paco Montoro vivirás más años evitándote espectáculos como el que os he contado. Qué susto, madre.

Gregorio A veces hasta me sorprendo porque pensaba que salir a correr era algo más mecánico, pero para mí es casi sinónimo de salir a "meditar".