
Lluvia, viento, nubes bajas, olas grises y verdes, arena blanda y pegajosa, frío.
No tengo ganas de correr. He pasado la tarde en la biblioteca estudiando hasta que se me han cruzado los cables y me he tirado al barro: El Jinete Polaco. Otra vez. Aquí lo tengo. Me da un poco de miedo porque ando corto de tiempo este mes y sumergirme en sus páginas es garantía de nostalgia y nubarrón, pero no puedo evitarlo, es una llamada recurrente, la misma piedra siempre.
No es el jinete un libro que guste a todo el mundo. Nunca lo recomiendo y sólo una vez lo he regalado, pero aquella vez fue diferente, tenía la certeza de que iba a gustarte; y no anda uno sobrado de certezas, dicho sea de paso.
No tengo ganas de correr. Hace tres días que las zapatillas están aparcadas junto al pulsómetro y la ropa, tengo preparado un paquete en el baño que es como un perro fiel que espera paciente que lo saques a pasear. Me siento confuso. Por un lado tengo ganas de sentirme bien después de correr: la ducha, el masaje..., pero esta pesadez del cuerpo, estas pocas ganas de nada, este mirar por el retrovisor me tiene varado en el rompeolas. Sé que pasará enseguida este episodio de parada técnica, revisión de daños y reinicio del sistema.
Estoy convencido de que una vez evaluado el impacto del meteorito que me ha enviado la nostalgia volveré a salir cada mañana antes que ninguna otra criatura racional a dejarme los higadillos corriendo contra mí mismo por esta playa milenaria y cada día, sin embargo, diferente y nueva. Volveré a colocarme con sustancias generadas por el esfuerzo y la locura de enfrentarte a ti mismo sabiendo que nunca serás un atleta, que no vas a ganar nada, que siempre habrá otro más rápido, más resistente o ambas cosas, seguiré adelante con esta locura que va en contra de todas las normas al uso, no conseguiré un cuerpo yogurcín, tampoco evitaré cánceres, accidentes o malas leches ajenas, pero sabré que cada día he podido correr un minuto más, que nada ni nadie va a conseguirlo por mí, que es mi pequeña aventura de hoy y de mañana, de cada día.
Mañana, cuando mire por el retrovisor en el atasco, veré el sol y otra carrera terminada. Seguro.
¿¿¿Cuerpo de lunes, se llamaba esto???.
9 comentarios:
Ese sentimiento de no tener ganas forma parte de lo que te gusta correr...forma parte del ciclo..
Si. Será el lunes.
¡Animo!
Cuando te acostumbres a salir con lluvia verás cómo lo agradece tu cuerpo. Chubasquero y luego duchita caliente.
Yo estoy con Gregorio, de hecho creo que correr con lluvia tiene un encanto especial... bueno, de todos modos mucho ánimo y que sea el lunes.
Un saludo.
Frnando el libro de Muñoz Molina, lo tengo ahí en mi biblioteca, no lo he leído nunca pero en breve empezaré con él.
Coincido con todos los amigos, la desgana forma parte del ciclo y correr bajo la lluvia. Así que una cosa o otra forma parte de nosotros...los corredores. Saludos
Es normal que no tengas ganas de salir con ese tiempo,da pereza aunque reconozco que una vez que al kit de corredor le añades un chuvasquero ya no hay quien te pueda parar, y es que como bien dicen los demás el correr bajo la lluvia tiene algo... quizas sea esa duchita caliente y la taza de café de después. Un abrazo y animo.
Uhmm!! Esa perra de la nostalgia, conmigo tiene un filón, te envuelve con su calor de mantita en tarde de nieve...pero hay que sacidirse ese calor porque sino se convierte en una dependencia.
Amigos. Me han dicho que soy un llorón, que esto parece un confesionario y yo una plañidera.
Como puede que tengan razón, volveremos a la carrera continua superlenta y, en la medida de lo posible, al cachondeo.
Gracias por los ánimos, perdón por el tostón, es que ayer era lunes, en todos los sentidos.
Coincido con todos en que es normal pensar así los lunes, a lo mejor te has pasado los últimos días y estás algo cansado, un poco de descanso y de hacer otras cosas te dará una nueva perspectiva, las ganas volverán solas sin que las llames.
Son así.
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