La primera me impresionó. La de aquella playa turquesa, o no, me paró el corazón justo en el ventrículo donde luego cayó el rayo que dejó esta cicatriz y la siguiente vez que la vi no estabas tú y era una foto. La segunda me asustó como los relámpagos asustan a Trufa, la perra que no sabe que lo es. La que duerme conmigo y cuyas pesadillas me despiertan algunas noches con ladridos apagados y tiriteras. Qué soñará mi perra. Otro día fue una carretera a medio asfaltar y un cobertizo de cañas que se quedarán allí, ya para siempre.
Hoy la lluvia es esta calle limpia a la que me asomo desde las alturas con los auriculares, Sabina y reflejos azules en la ventana azul. Humo blanco. Y no hace frío.
Tantas cosas que contar y no poder hacerlo.
3 comentarios:
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Ya era hora que nos dieras vidilla
Fernando, dilecto amigo. Un fuerte abrazo y una feliz navidad. Haber si nos vemos por este Rincón nuestro y compartimos café y charlas.
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