viernes, 12 de diciembre de 2008

Un amor de acné y cabreo permanente.

Hubo días en que el corredor corría porque le salía del alma, no sabía qué buscaba o de qué huía, días del pasado que son lejanos, sepia, analógicos y levemente ajenos; días ahora encerrados en cajas de metal, álbumes y sobres amarillos. El corredor de entonces quería volar muy alto y muy lejos. Un día oyó una voz que decía cosas sin sentido, pero que le cautivaron como nada, ni nadie, lo había hecho antes; estas fueron las palabras exactas:

Por amor al comercio
voy a cruzar ese puente,
por amor al comercio
voy a cuidar ese dolor.

El dolor de cabeza que me protege cada noche,
que nubla la vista y me quita las ganas de beber,
de beber fantasías y recuerdos excitantes,
y nada más excitante que trabajar en tus caricias.

Por amor al comercio
voy a cruzar ese puente,
por amor al comercio
voy a cuidar ese dolor.

De palabras tabaco, teléfono y alcohol,
alcohol que me han prohibido mil veces en un mes,
un mes en el que te has olvidado de que existo
y más que existir lo que hago es campar por ahí.

Cristina Lliso. La mejor voz que el corredor había oído jamás, la más cálida, la única entonces que consideraba, vana esperanza, la posibilidad de perder un minuto en trabajar en sus caricias. El corredor soñaba con oír esas palabras de alguien que le mirase a los ojos, aunque fueran mentira. Qué manera de sufrir entonces, qué dolores tan intensos por casi todo y para nada.

Todo llegó, todo tenía que llegar, fueron las prisas.

Esclarecidos. Cristina Lliso. Por amor al comercio. Disfrutad, si os parece.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Canción ideal para una tarde de lluvia en una gran capital...saludos

Gregorio Toribio Álvarez dijo...

Precioso. Gracias por compartirlo. Un abrazo.